Medicina y salud
Hay personas que eligen quedarse cuando todos se van: se llaman enfermeras
Cada 12 de mayo, el mundo recuerda que hay personas que eligen quedarse. Que eligen escuchar los quejidos en la madrugada, secar lágrimas que nadie más ve y sostener una mano temblorosa antes de que llegue el médico. Son las enfermeras y los enfermeros: los guardianes anónimos de la vida humana.
24 horas en urgencias: el heroísmo sin alas de quienes cuidan sin descanso
Especial. – Son las 3:17 de la mañana. El pasillo de urgencias huele a antiséptico y a café frío. Dos camillas cruzan la puerta al mismo tiempo. Una enfermera —llamémosla Valentina, como tantas otras— no levanta la vista del tensiómetro. Sabe lo que viene. Sabe lo que tiene que hacer. Y lo hace, como lleva haciéndolo once años, sin que nadie le diga que es extraordinaria. Porque para ella, simplemente, es el trabajo. Pero para el paciente que tiembla en esa camilla y que no entiende qué le pasa en el cuerpo ni en el alma, Valentina es, en ese instante, la persona más importante del mundo.
Hoy, en el Día Internacional de la Enfermería, Gente de Hoy les rinde homenaje.
La lámpara que nunca se apaga: por qué el 12 de mayo
La celebración fue establecida oficialmente en 1974 por el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), el organismo global que representa a más de 130 asociaciones nacionales. La fecha no es casual ni arbitraria. Marca el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, nacida el 12 de mayo de 1820 en Florencia, Italia, considerada por muchos como la madre de la enfermería moderna, cuyo legado ha inspirado y guiado a generaciones de profesionales de la salud.
El inicio de esta conmemoración se remonta a 1953, cuando Dorothy Sutherland, una dedicada funcionaria del Departamento de Salud, Educación y Bienestar Social de los Estados Unidos, presentó una propuesta al presidente Dwight D. Eisenhower para que se reconociera un «Día de las Enfermeras». A pesar de que su propuesta no fue aprobada de inmediato, sembró la semilla para lo que sería una celebración global.
Nightingale tuvo gran relevancia durante la Guerra de Crimea, cuando organizó grupos de enfermeras para atender las zonas más necesitadas. En 1883, la Reina Victoria le otorgó la distinción de la Real Cruz Roja, y en 1907 obtuvo la Orden de Mérito del Reino Unido, el primero de estos prestigiosos reconocimientos en ser atribuido a una mujer en la historia. Murió en 1910. Pero su lámpara, la que llevaba por los pasillos del hospital en la oscuridad para revisar a sus pacientes, jamás se apagó.
Cada año, el 12 de mayo, una lámpara simbólica es llevada desde la Capilla de Enfermería en la Abadía de Westminster en Londres hasta el altar, en un gesto que simboliza la transferencia de conocimiento de un enfermero a otro, es ritual, es memoria, es el reconocimiento de que cuidar es también un acto de civilización.
El lema seleccionado para 2026 es «Nuestras enfermeras, nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas», mientras que en 2025 fue «Cuidar a las enfermeras fortalece las economías». Los lemas cambian, la deuda no.
Lo que nadie ve: una noche en urgencias
Son las seis horas más intensas de una guardia. La sala de urgencias no cierra, no descansa, no negocia. En ese espacio donde la vida se pone en jaque, la enfermera es la primera voz que un paciente escucha al llegar. A veces, la única que le explica con calma qué le están haciendo y por qué.
No se trata solo de poner inyecciones. Se trata de detectar en segundos si alguien tiene miedo, si miente sobre sus síntomas, si está solo en el mundo, traducir el dolor en lenguaje médico y de traducir el lenguaje médico en palabras que una abuela de ochenta años pueda entender, contener el llanto de un familiar que no sabe si su hijo va a sobrevivir esa noche, mientras simultáneamente se mide la saturación de oxígeno del paciente de al lado.
Una sonrisa en el momento preciso tiene, a veces, el mismo valor terapéutico que un medicamento. Un trato cordial en medio del caos es, también, medicina. Los estudios en psicología de la salud lo confirman: la percepción de cuidado humano reduce el cortisol, disminuye la ansiedad y mejora la respuesta inmune del paciente. Pero no hace falta la ciencia para saberlo. Basta con haber estado alguna vez en una cama de hospital, asustado, y que alguien te haya tomado la mano.
Vocación que no tiene precio, pero que merece uno
El problema de llamar «vocación» a la enfermería es que a veces esa palabra se usa como excusa para pagar poco, para exigir mucho, para normalizar lo insostenible.
Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud revela que el número de graduados en enfermería ha disminuido de 81 por cada 10.000 habitantes en 2018 a solo 24 por cada 10.000 en 2023, una caída que representa una amenaza significativa para la sostenibilidad de la profesión.
El déficit mundial previsto para 2030 se ha revisado al alza: ya no es de 10 millones, sino de 11 millones de enfermeras y enfermeros faltantes en el mundo. Once millones de personas que deberían estar en un pasillo de hospital y no están. Once millones de manos que hacen falta.
Un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) revela que 14 de 39 países de la región no cuentan con suficientes médicos, enfermeras y parteras para atender las necesidades de salud de su población. Sin intervenciones inmediatas, las Américas podrían enfrentar un déficit de entre 600.000 y 2 millones de trabajadores de salud para 2030.
El 87% del personal de enfermería está conformado por mujeres, una tendencia constante en América Latina. Sin embargo, esta mayoría femenina no se traduce en una participación equitativa en espacios de decisión, investigación o liderazgo dentro del sector salud. Estudios han documentado una brecha salarial de hasta un 15% en cargos directivos ocupados por mujeres, incluso con iguales niveles de experiencia y formación.
Los egresados de enfermería deben contratarse con salarios por debajo de un profesionista, con precarización y sin seguridad social, eso no es vocación, eso es injusticia disfrazada de entrega.
El capital social más invisible del sistema de salud
Hay algo que los números no capturan: el valor de que alguien esté presente, que no se vaya, que aguante.
La enfermera que se queda al lado de un paciente en sus últimas horas porque la familia no llegó a tiempo. El enfermero que aprende el nombre del abuelo con Alzheimer para no generarle angustia cada vez que entra al cuarto. La técnica de enfermería que nota, antes que nadie, que algo en el color de la piel de ese paciente no está bien, y llama al médico de guardia a las dos de la madrugada.
Ese capital social —invisible en las hojas de presupuesto, invaluable en la realidad— es lo que sostiene los sistemas de salud. No las infraestructuras o los equipos de última generación, las personas: Las enfermeras y los enfermeros.
El Día Internacional de la Enfermería busca destacar el rol esencial que las y los profesionales de enfermería cumplen en los sistemas de salud, así como visibilizar los desafíos que aún enfrentan: empleo de calidad, mayor reconocimiento y una inversión insuficiente en formación.
Para abordar esta situación, los organismos internacionales recomiendan que los países aseguren inversiones a largo plazo en enfermería, amplíen la formación profesional, protejan al personal de salud y mejoren las condiciones laborales y esto no es un lujo, es una necesidad de salud pública.
Lo que les debemos decir hoy
Si alguna vez tuviste miedo en una sala de urgencias y alguien te explicó qué iba a pasar antes de que pasara: eso fue una enfermera o un familiar anciano fue tratado con paciencia y con nombre propio: eso fue una enfermera.
A los directores de hospitales, a los ministros de salud, a los legisladores que deciden presupuestos: entiendan que una buena enfermera no se reemplaza con tecnología. Que la escasez que hoy se documenta en los informes de la OMS es la consecuencia directa de años de sueldos insuficientes, de turnos imposibles y de invisibilidad institucional.
A las enfermeras y a los enfermeros, a los que hoy están en guardia y a los que descansan después de doce horas de pie: gracias, no como protocolo, gracias porque lo que hacen no lo hace cualquiera. Porque eligen quedarse cuando otros se van. Porque convierten la bata blanca no en un uniforme, sino en algo que se parece mucho a unas alas.
Una historia de heroísmo
Desde aquel primer lema que abanderó esta causa, «Ayúdala a iluminar su alumbramiento», hasta el actual «Nuestras enfermeras. Nuestro futuro. Las enfermeras empoderadas salvan vidas», el mensaje ha sido siempre el mismo: reconocer la labor encomiable de las enfermeras, la importancia de sus cuidados y la necesidad de reforzar ese respaldo social y laboral tan esencial para que la profesión continúe fortaleciéndose.
Son las 6:00 de la mañana. Valentina cierra el parte de guardia. Le quedan veinte minutos, se sirve el café que no pudo tomarse a las tres y mañana, vuelve.
Eso se llama heroísmo, aunque ella nunca lo diría así.
Fuente: Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) · Organización Mundial de la Salud (OMS) · Organización Panamericana de la Salud (OPS)
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