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Nuestras costas no son vertederos: reconstruir un país no puede significar destruir el mar

Mientras Venezuela enfrenta las consecuencias del doble evento sísmico, la disposición inadecuada de los escombros representa una amenaza silenciosa para los ecosistemas marinos. La recuperación del país debe avanzar con criterios ambientales que eviten una nueva crisis ecológica.

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Los escombros generados por el doble evento sísmico requieren un manejo técnico que evite impactos irreversibles sobre los ecosistemas marinos.
Medio Ambiente | Conservación | Emergencia Nacional

Nuestras costas no son vertederos

Especial. – Paralelamente a todo lo que estamos viviendo en nuestro país tras el doble evento sísmico que afectó diversas regiones del territorio nacional, es comprensible que para muchos venezolanos los temas ambientales y la conservación de los recursos naturales parezcan secundarios. Sin embargo, aunque hoy existen prioridades ineludibles, como el rescate y salvamento de vidas en las zonas afectadas, también es necesario mirar más allá de la emergencia inmediata y reflexionar sobre las consecuencias ambientales de las decisiones que se adopten durante la reconstrucción.

Los escombros también representan una emergencia

Uno de los problemas que comienza a cobrar relevancia es el manejo de los desechos provenientes de edificaciones colapsadas y urbanismos devastados. Estos materiales constituyen un desafío de gran magnitud que no puede resolverse de manera improvisada.

Es cierto que en situaciones de emergencia deben tomarse decisiones rápidas. No obstante, esas decisiones también deben ser responsables, para evitar que una solución inmediata origine un problema aún mayor, con consecuencias a corto, mediano y largo plazo para el ambiente y la salud pública.

El mar no es un depósito de desechos

Arrojar los escombros de edificaciones derrumbadas al mar genera graves impactos ecológicos, mecánicos y químicos sobre los ecosistemas marinos.

Aunque en ocasiones se piensa, de manera equivocada, que estos materiales podrían actuar como arrecifes artificiales, la realidad demuestra que los desechos de construcción, cuando no son tratados ni clasificados correctamente, destruyen los ecosistemas costeros de los cuales también depende nuestra seguridad alimentaria y el equilibrio ambiental.

La destrucción del hábitat marino

El impacto comienza con el sepultamiento de organismos bentónicos, aquellos que habitan en el fondo marino, como corales, esponjas, moluscos y pastos marinos.

A esto se suma que el oleaje dispersa sedimentos finos como cemento, cal y tierra, aumentando la turbidez del agua. Esta condición reduce el paso de la luz solar e impide la fotosíntesis de algas y corales, provocando su deterioro y muerte, con efectos devastadores sobre la flora y fauna marina.

Contaminación química con consecuencias para la salud

Los restos de edificios, viviendas, comercios e industrias no están compuestos únicamente por piedra y concreto.

Con frecuencia contienen materiales altamente contaminantes que, al entrar en contacto con el agua de mar, liberan sustancias peligrosas como plomo, cobre y zinc, además de solventes, selladores, combustibles y aditivos utilizados en la construcción.

Especial preocupación merecen las fibras cancerígenas presentes en antiguos techos y materiales de aislamiento, las cuales pueden incorporarse a la cadena alimentaria marina y, posteriormente, afectar la salud humana mediante el consumo de especies contaminadas.

Alteración de las costas y nuevos riesgos

A diferencia de los arrecifes artificiales construidos bajo criterios científicos, los escombros domésticos e industriales se fragmentan de forma irregular.

Cabillas expuestas, vidrios, plásticos y restos de madera se convierten en trampas para numerosas especies marinas, ocasionando heridas, atrapamientos e ingestión de microplásticos.

Asimismo, estos materiales modifican las corrientes marinas, aceleran la erosión de las playas y disminuyen la capacidad natural de protección de las costas frente a fenómenos climáticos.

La reconstrucción también debe proteger la naturaleza

Todos tenemos la responsabilidad de levantar la voz y convertirnos en defensores de la salud biológica y física de nuestros mares.

La reconstrucción del país no puede realizarse sacrificando nuestros ecosistemas costeros. Proteger el mar significa proteger la biodiversidad, la alimentación, la economía pesquera y, en definitiva, la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.

Jaime Largo. Animalista, amante de la naturaleza, senderista, vicepresidente Fundación Colinas de Carrizal. Correo: jaimel2010@gmail.com @caminandoconjaime2 @jaimelargo2021

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