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Crónicas Humanas

Las cifras del plebiscito se anunciaron antes de escrutar los votos: el fraude que aceleró la caída de Pérez Jiménez

El plebiscito del 15 de diciembre de 1957 fue concebido por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez como un mecanismo para prolongar su permanencia en el poder. Sin registro electoral, sin garantías democráticas y con resultados anunciados antes del escrutinio, el proceso quedó marcado como uno de los episodios más cuestionados de la historia política venezolana y antecedió a la caída del régimen el 23 de enero de 1958.

Gente de Hoy

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Marcos Pérez Jiménez impulsó el plebiscito de 1957 para intentar extender su mandato por cinco años más.
Historia | Venezuela

Un plebiscito para prolongar la dictadura

Especial. –  Por: Rafael Simón Jiménez. – El 15 de diciembre de 1957, la dictadura de Pérez Jiménez organiza un plebiscito inconstitucional con el propósito de prolongar su gobierno por cinco años más.

El jefe del Gobierno militar se encontraba en el poder desde diciembre de 1952, cuando, luego de haber sido derrotado contundentemente en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, convocadas para dar piso político a la gestión castrense, y en las cuales logró imponerse ampliamente la fórmula unitaria de URD, encabezada por su gran líder Jovito Villalba, desconoció los resultados mediante un golpe de mano que adulteró la voluntad popular y adjudicó la victoria al vapuleado movimiento electoral oficialista, el FEI.

Una Constituyente nacida del fraude

El 9 de enero de 1953 se constituye, sin la presencia de los partidos que habían obtenido el mayor número de representantes, URD y COPEI, una Asamblea Constituyente a todas luces fraudulenta y espuria. Esta inicia sus deliberaciones ratificando a Pérez Jiménez como mandatario provisional y comienza los trabajos destinados a redactar y sancionar una nueva Carta Magna que sustituyera a la Constitución de 1947, suspendida desde el 24 de noviembre de 1948, cuando los altos jefes militares depusieron por la fuerza al presidente legítimo y constitucional, Rómulo Gallegos.

La Constituyente, prefabricada mediante la triquiñuela electoral, culmina sus labores promulgando el nuevo texto constitucional y, sin convocar nuevas elecciones para Presidente de la República ni para los cuerpos deliberantes, declara que Pérez Jiménez ejercerá la Primera Magistratura durante un período de cinco años. Sin embargo, el artículo 104 de la nueva Carta Fundamental mantiene la previsión de que, transcurrido ese lapso, el mandatario deberá ser escogido mediante voto universal, directo y secreto.

Las especulaciones sobre la continuidad del régimen

A comienzos de 1957 empiezan, tanto en el Gobierno como en la hasta entonces dispersa y golpeada oposición, las conjeturas sobre la decisión que adoptará el dictador para tratar de prolongar su mandato.

Se habla de una reforma constitucional para regresar a la elección de segundo grado por el Congreso, como ocurría antes de 1947. Se especula que Pérez Jiménez podría buscar un candidato de su más estrecho círculo para dar continuidad a su obra al frente del Ejecutivo. Incluso se menciona la posibilidad de una transición similar a la gestada en el Perú por el general Manuel Odría, quien terminó traspasando el mando a los civiles.

Entretanto, el Gobierno retrasa deliberadamente el anuncio de su decisión para alimentar las expectativas y las especulaciones.

El plebiscito: un adefesio electoral

Finalmente, y temeroso de volver a exponerse a un nuevo fiasco electoral como el del 30 de noviembre de 1952, Pérez Jiménez se decanta por una fórmula no solo abiertamente violatoria de su propia Constitución, sino también exótica y ajena a las prácticas democráticas: el plebiscito.

El ejercicio consistía en formular al universo de los electores una sola pregunta sobre la conveniencia de su permanencia en el poder por cinco años más, a la cual debían responder simplemente con un «sí» o un «no».

La fórmula se fragua en Miraflores. El consultor jurídico de la Presidencia, Rafael Pinzón, y el ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla Planchart, se encargan de darle forma jurídica al adefesio electoral que, finalmente, es presentado al Congreso Nacional para su aprobación.

El texto resulta tan escueto que su falta de detalles deja entrever las dimensiones del fraude.

Las disposiciones de la Ley Electoral prevén un proceso sin registro electoral y sin campaña proselitista. A los electores se les entregarán dos tarjetas: una para expresar su aprobación y otra para manifestar el rechazo.

Si se impone el «Sí», el general Pérez Jiménez será ratificado por cinco años más en la Presidencia de la República y, junto con él, quedará automáticamente aprobada la lista de senadores, diputados al Congreso, miembros de las asambleas legislativas y de los consejos municipales.

La maniobra resulta tan descarada y burda que la ley ni siquiera contempla qué ocurrirá si el resultado favorece al «No».

Los resultados antes del escrutinio

Finalmente, y en medio del repudio generalizado, el 15 de diciembre de 1957 se realiza el plebiscito.

La Junta Patriótica, que ha logrado agrupar y compactar los esfuerzos de la oposición clandestina al régimen, lanza la consigna de abstenerse frente a lo grotesco de aquella elección.

Ese día, pese a las presiones, el chantaje y el terror oficial, los centros electorales muestran una escasa concurrencia.

El doctor Héctor Parra Márquez, presidente del Consejo Supremo Electoral, anuncia que los primeros datos del escrutinio comenzarán a darse a conocer a partir de las siete de la noche.

Sin embargo, como para hacer aún más burda la maniobra, desde su despacho ubicado en el ala norte del Palacio Federal Legislativo, el ministro de Relaciones Interiores, el inefable Laureanito Vallenilla, se adelanta y, sin que se haya escrutado la primera urna, anuncia que han concurrido al proceso un total de 3.266.000 electores y que 2.182.000 de ellos han votado a favor de la reelección de Pérez Jiménez.

Como si ello no bastara, incluso se atreve a discriminar los resultados por entidades federales.

El principio del fin

La burla que representó para la voluntad popular aquel plebiscito con el que la dictadura militar pretendió prorrogar su permanencia en el poder le sería cobrada por el pueblo apenas un mes y unos días después.

El 23 de enero de 1958, el pueblo venezolano, acompañado por militares comprometidos con el restablecimiento de la democracia, puso fin a aquella vergonzosa tiranía.

 

Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano

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