Crónicas Humanas
Mugabe o Mandela: ¿qué camino escoger?
Las trayectorias de Robert Mugabe y Nelson Mandela muestran cómo dos líderes surgidos de luchas similares contra el colonialismo pudieron tomar caminos completamente distintos: uno hacia el autoritarismo y la ruina económica, y el otro hacia la reconciliación nacional y la democracia.
El contraste entre dos destinos políticos
Por: Rafael Simón Jiménez. – Quien contemplara en los últimos años de su longeva existencia la imagen del dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, no podía imaginar que aquel hombre, devenido en uno de los más crueles tiranos de África, que había practicado genocidios, limpieza étnica, violaciones, atropellos y bestiales torturas contra sus adversarios políticos, destruyendo la economía de su país y propiciando un caos económico que, amén de pobreza y exclusión, se había hecho famoso por romper todos los récords de inflación, llegando a acumular un promedio anual de 14.000.000 %, podía haber sido no solo un líder ilustrado que había cursado estudios de Economía y Derecho en la Universidad de Londres, sino que, a fuerza de méritos y sacrificios, había obtenido la distinción de “héroe de su patria” en años de lucha acumulados contra el colonialismo inglés y la segregación racial impuesta en su país por la minoría blanca.
Formación y lucha contra el colonialismo
Nacido en 1924, en el seno de una familia que pudo asegurarle educación primaria y secundaria de la mano de los hermanos jesuitas, y luego su formación como docente, Mugabe se estrenó como educador en las escuelas de su país. Su inquietud y deseos de superación lo llevaron a diplomarse en letras y luego en economía y derecho en la Universidad de Londres, a la par que, atendiendo a todo el proceso de descolonización que en el continente africano se puso en boga en las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo, se incorporó a las luchas por la independencia de su patria, siendo fundador de la Unión Nacional Africana – Frente Patriótico, de destacada actuación en la lucha armada contra la doble opresión del colonialismo y el racismo imperante en su país, lo que le costó persecuciones, cárceles y exilio.
Los acuerdos de independencia y el ascenso al poder
Ese sacrificado y dificultoso proceso de independencia culminó con los Acuerdos de Lancaster House, que permitieron una transición pactada que aseguraba los derechos de la población negra mayoritaria y, a la par, la coexistencia con la minoría blanca que acaparaba la mayoría de las tierras y de los demás factores productivos, y que se aseguraba una representación en el futuro parlamento de Zimbabue.
Electo como primer ministro de la nueva república independiente, Robert Mugabe desarrolló un plan deliberado para perpetuarse en el poder, lo cual pasaba por liquidar a sus rivales dentro de su mismo sector político y, a la par, declarar una guerra étnica y de limpieza racial contra la minoría blanca.
Gukurahundi: represión y consolidación del poder
Este despropósito se comenzó a materializar a partir de 1982, cuando Mugabe desató una auténtica razzia contra sus adversarios con dimensiones de guerra civil, que se denominó Gukurahundi y que costó la vida de entre 10.000 y 30.000 civiles, convirtiéndose de hecho en un terrible genocidio que emulaba la represión y el terror de los colonialistas blancos.
Esta depuración política y étnica a gran escala lo consolidó en el poder, pasando a ser de hecho dictador, a pesar de sus deseos de convocar elecciones sin garantías ni credibilidad para tratar de realizar arreglos “cosmetológicos” a su poder absoluto.
Las medidas de represión política tuvieron igual repercusión en lo económico al ocupar, confiscar y desapropiar de tierras y unidades productivas a la minoría blanca que, bajo las garantías de los acuerdos de independencia, habían aceptado quedarse en el país y que fueron blanco de todo tipo de desafueros.
La caída de Mugabe
Con una represión brutal que emuló y superó a la de sus antepasados, y con una ruina económica propiciada por sus medidas de retaliación, Mugabe logró mantenerse en el poder hasta el 15 de noviembre de 2017, cuando el jefe de su propio ejército lo derrocó mediante un golpe de Estado, poniendo fin a 37 años de hegemonía despótica, donde, echando por tierra sus méritos y glorias civiles y militares, se dedicó a tiranizar a su propio pueblo.
Murió exiliado en Singapur, el 6 de septiembre de 2019, a la edad de 95 años.
Nelson Mandela: origen y lucha política
Nelson Mandela fue, al igual que Mugabe, un ciudadano sudafricano que incluso había nacido en el seno de una de las casas reales de la población originaria, y había podido, de igual manera, adquirir una educación que en el futuro incluiría el título de abogado en la Universidad de Londres.
Había visto la luz el 18 de julio de 1918 y, por coincidencia, moriría en diciembre de 2013 a los 95 años, la misma edad de Robert Mugabe al momento de su fallecimiento.
Mandela se incorporó desde muy joven a las luchas anticoloniales, militando en el Congreso Nacional Africano y siendo fundador de su fracción juvenil.
En “El largo camino hacia la libertad”, como titularía sus memorias, le tocó desarrollar una lucha que incluyó grandes movilizaciones de las mayorías negras e incluso, en determinados momentos, proclamar la lucha armada como manera de confrontar el sistema aberrante del apartheid impuesto por la minoría blanca en su país, lo que significaba discriminación, segregación y exclusión de la población negra inmensamente mayoritaria.
Prisión y resistencia
Preso en numerosas oportunidades bajo acusación de terrorismo y desobediencia a la legalidad impuesta en su país por las autoridades coloniales, en 1962 fue acusado ante un tribunal de incurrir en actos de terrorismo, planteándose incluso la posibilidad de condenarlo a pena de muerte.
En esa oportunidad, Nelson Mandela asumió su propia defensa y, en un discurso de tres horas que tituló “Estoy preparado para morir”, rebatió las acusaciones de sus adversarios, siendo finalmente condenado a cadena perpetua en 1964.
Esta privación de libertad pasaría por diversas etapas, distintos centros penitenciarios y grandes penurias, hasta que los cambios generados en el continente africano y más tarde en el escenario mundial, con el fin de la Guerra Fría, obligaron al régimen sudafricano a suavizar sus condiciones de reclusión y, posteriormente, a iniciar conversaciones para pactar el final del régimen de segregación racial y definir el futuro del país.
La liberación y el camino de la reconciliación
El 11 de febrero de 1990, el presidente sudafricano Frederik de Klerk, luego de largas negociaciones y de haberse convencido de la inviabilidad de mantener el régimen del apartheid, puso en libertad a Mandela.
De inmediato, y seguramente como resultado de un largo proceso de reflexión sobre el futuro de su país, se colocó, con la autoridad de un liderazgo curtido en 27 años de prisión, trabajos forzados y aislamiento, al frente de un mensaje de paz, entendimiento y reconciliación que en principio resultó incomprendido por sus propios seguidores, incluso por su esposa Winnie Mandela, quienes, luego de tanta persecución, hostigamiento, matanzas, violencia y discriminación por parte de la minoría blanca gobernante, pensaron que había llegado la hora de la venganza.
El liderazgo de Mandela
Con la entereza de sus convicciones sobre el futuro de su país y con la autoridad derivada de su largo martirologio, Nelson Mandela impuso la política de reconciliación como la única posible para garantizar que Sudáfrica pudiera tener un futuro de estabilidad, paz y progreso.
Luego de un período de gobierno compartido con su antiguo carcelero De Klerk, Mandela ganó arrolladoramente las elecciones convocadas para el 27 de abril de 1994 con el 62 % de los votos, tomando posesión el 9 de mayo en un acto al que asistieron destacadas personalidades de distintos países.
De inmediato, y dando continuidad a su política de reconciliación, paz y entendimiento entre todos los grupos políticos y raciales, constituyó un gabinete donde De Klerk, su antiguo adversario, figuraba como su segundo de a bordo.
La renuncia voluntaria al poder
Cumplido su mandato presidencial de cinco años y sin realizar el menor gesto para propiciar una reforma constitucional que favoreciera su reelección, Mandela entregó el poder el 29 de marzo de 1999, anunciando su retiro de la vida pública.
Fue distinguido por sus compatriotas con los títulos de “Padre de la Nación Africana” y “Padre de la democracia sudafricana”, obteniendo en 1993 el Premio Nobel de la Paz y convirtiéndose en ícono y referencia de un liderazgo sanador que supo privilegiar el futuro de su país por encima de ambiciones personales o deseos de retaliación y venganza.
Dos caminos frente a la historia
Mandela y Mugabe: vidas paralelas.
Ambos líderes destacados de la mayoría negra de sus países que padecieron el aberrante y cruel colonialismo y la segregación racial; ambos luchadores incansables con credenciales del mayor sacrificio y sufrimiento por sus causas; ambos con el rango de “libertadores” ganados tras años de entrega a la causa de la libertad; ambos pertenecientes a la élite negra ilustrada que tuvo la oportunidad de asistir incluso a universidades en la metrópoli.
Y, a pesar de tanta similitud, cada uno escogió un camino: Mugabe, el de la retaliación y la venganza, propiciando guerras civiles, matanzas y represión a su propio pueblo, transfigurándose en un tirano y superando las aberraciones de los colonialistas que combatió por largos años, llevando a su país a la ruina económica con los más altos índices de inflación, pobreza y hambre.
Y el otro, Nelson Mandela, luego de 27 años de prisión en las más crueles circunstancias, salió a la libertad y, frente a la incomprensión de sus propios seguidores, impuso mediante la autoridad y el liderazgo muy bien ganados la paz, la reconciliación y el entendimiento, forjando las bases de una convivencia que le ha permitido a su país consolidarse como una de las economías más importantes del continente africano.
Reflexión
Dios todopoderoso pareciera colocar deliberadamente a los seres humanos en estas encrucijadas donde el bien y el mal se bifurcan, y donde cada uno pone de manifiesto sus valores y convicciones para escoger entre uno u otro camino.
Aquí tienes los elementos SEO y editoriales para acompañar el artículo sin modificar el texto que ya corregimos, pensados para publicación en portales de opinión o periódicos digitales.
Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano
Aquí más información de GRANDES REPORTAJES
Gente de Hoy | Periodismo con propósito
Todo lo que quieras en Amazon está aquí: Gentedehoy_20
Apoye el periodismo independiente en Gente de Hoy https://www.gentedehoy.com/donacion/
Ver esta publicación en Instagram
