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Irán y el acuerdo con Trump: lo que nadie te ha explicado sobre el país más antiguo del conflicto

El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán anunciaron un memorándum de entendimiento. Trump dijo que es el único presidente que logró la paz. Los expertos dicen otra cosa.

Gente de Hoy

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Irán firmó con Trump. Pero nadie sabe exactamente qué firmaron
Un acuerdo sin detalles públicos, con versiones contradictorias y una fecha de firma: el 19 de junio en Ginebra. Para entender por qué este pacto podría ser más frágil de lo que parece, hay que conocer quién es realmente Irán.

El acuerdo que nadie sabe exactamente qué dice

Especial. – El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán firmaron un memorándum de entendimiento que puso fin a más de tres meses de conflicto armado. El acuerdo incluye la reapertura del Estrecho de Ormuz, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y el inicio de 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Donald Trump declaró en Truth Social que es ‘el único presidente que logró la paz con Irán’. Los expertos en política internacional dijeron algo distinto.

Según el Council on Foreign Relations, los detalles del acuerdo permanecen sin revelar al público. Las versiones de Teherán y Washington se contradicen desde el primer día. El jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán dejó claro que su país no aceptará límites en el enriquecimiento de uranio. El enviado estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner estarán en Ginebra el 19 de junio para firmar el texto. Y la pregunta que define todo lo que viene: ¿cuánto de este acuerdo es real y cuánto es teatro diplomático?

Para responder esa pregunta, hay que conocer a Irán. No el Irán de los titulares. El Irán de 5.000 años de historia, de una cosmovisión propia, de un pueblo que lleva décadas resistiendo bajo sanciones y que nunca ha sentido que tiene que rendirse ante nadie.

La nación más antigua en el conflicto más nuevo

Irán no es un país joven. Es una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. Aparece en los registros históricos alrededor del año 2.500 antes de Cristo, bajo el nombre de los primeros imperios elamitas. Mucho antes de que existiera Roma, Grecia en su época clásica o cualquier nación del continente americano, los persas ya tenían un sistema de gobierno sofisticado, una lengua propia y una religión con conceptos que influyeron en todo el pensamiento espiritual posterior.

El zoroastrismo, también llamado mazdeísmo, fue la primera gran religión monoteísta de la historia. Propuso la lucha eterna entre el bien y el mal, entre Ahura Mazda y Arimán, siglos antes de que estas ideas llegaran al judeocristianismo y al islam. Los persas, bajo la dinastía aqueménida, construyeron el imperio más grande que el mundo antiguo había visto. Ciro el Grande liberó a los judíos de Babilonia. Darío y Jerjes enfrentaron a los griegos. Alejandro Magno los venció militarmente, pero quedó seducido por su cultura hasta el punto de adoptarla.

Esa historia no es un dato curioso. Es la base de la identidad iraní. Un pueblo que se sabe antiquísimo, sofisticado y culturalmente superior a quienes lo han atacado, no negocia desde la derrota. Negocia desde la resistencia.

Por qué Irán es chiita, y por qué eso importa hoy

Cuando el islam llegó a Persia en el siglo VII, los persas ya eran una civilización mucho más elaborada que el naciente movimiento religioso árabe. Los iraníes consideran que el islam absorbió parte de su arquitectura, su filosofía y su pensamiento para construirse. Ese orgullo cultural los llevó a adoptar el chiismo, la rama minoritaria del islam, como una forma de diferenciarse del islam sunita dominado por los árabes.

La diferencia entre sunitas y chiitas no es solo teológica. Es política. Los chiitas buscan un liderazgo espiritual legítimo que descienda del profeta Mahoma, mientras los sunitas optaron por líderes administrativos elegidos por consenso. Esta distinción histórica explica por qué Irán tiene un sistema de gobierno único en el mundo: la República Islámica, donde el poder máximo no lo tiene un presidente electo sino el Líder Supremo, una figura de autoridad religiosa y política absoluta.

Ali Khamenei ejerció ese rol durante décadas. Fue asesinado en los primeros instantes del ataque de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero de 2026. Su hijo, el ayatolá Mojtaba Khamenei, fue nombrado su sucesor el 9 de marzo. El nuevo líder hereda un sistema frágil pero ideológicamente intacto.

El petróleo, el nudo gordiano de todo

A comienzos del siglo XX, el Imperio Británico tomó una decisión que cambió la geopolítica del planeta: transformar su armada de carbón a petróleo. Winston Churchill impulsó ese cambio y convirtió el crudo en el factor de poder más importante del siglo. Para garantizar el suministro, los británicos firmaron contratos leoninos con los jeques y líderes de la región. En Persia, un acuerdo cedió los derechos de exploración y comercialización del petróleo durante 60 años sin regalías para el país.

En 1951, el primer ministro Mohammad Mosaddeq nacionalizó el petróleo iraní, tal como lo había hecho Lázaro Cárdenas en México en 1938. La respuesta de Occidente fue inmediata: Estados Unidos y el Reino Unido organizaron el golpe de Estado de 1953 que derrocó a Mosaddeq y reinstauró al Sha Reza Pahleví como figura dócil al interés occidental. Para los iraníes, ese evento no es historia antigua. Es la memoria viva de por qué no confían en las potencias extranjeras.

El Estrecho de Ormuz, el angosto canal por donde circula casi el 20% del petróleo y gas natural del mundo, es la palanca más poderosa que tiene Irán. Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques en febrero de 2026, Irán cerró el estrecho. El mundo sintió el golpe en los mercados energéticos de inmediato. Ese cierre fue la señal de negociación más efectiva que pudo enviar Teherán.

La revolución de 1979 y la lógica del régimen

En 1979, el Sha fue derrocado por una revolución popular liderada por el ayatolá Jomeini. La República Islámica que surgió de ese proceso construyó su identidad sobre tres pilares: independencia frente a Occidente, resistencia frente a Israel y defensa del mundo chiita en el extranjero. Esos tres pilares no son negociables en la cosmovisión del régimen.

Durante décadas, Irán construyó lo que llamó el ‘Eje de la Resistencia’: una red de grupos armados aliados en Líbano (Hezbollah), Gaza (Hamas), Irak, Yemen (los hutíes) y Siria. Ese eje fue el instrumento de proyección de poder iraní en la región. Los ataques de Israel desde octubre de 2023 y la caída del régimen de Basad al Asad en Siria en diciembre de 2024 debilitaron profundamente esa red. Cuando llegaron los bombardeos de febrero de 2026, Irán llegó a la guerra más expuesto de lo que había estado en décadas.

Al mismo tiempo, la economía interna colapsaba. En diciembre de 2025, el rial iraní alcanzó un mínimo histórico: 1,42 millones de riales por cada dólar. Las protestas estallaron en las 31 provincias del país, incluyendo zonas tradicionalmente leales al régimen. Khamenei ordenó la represión. Miles murieron. Decenas de miles fueron detenidos.

El acuerdo del 14 de junio: ¿paz o pausa?

Lo que existe al 16 de junio de 2026 es un memorándum de entendimiento mediado por Pakistán que incluye tres puntos básicos: un alto el fuego, la reapertura del Estrecho de Ormuz y el inicio de 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), ambas partes acordaron cesar operaciones militares y levantar sus respectivos bloqueos marítimos. La firma formal está programada para el 19 de junio en Ginebra.

Pero las versiones de lo que viene difieren radicalmente. El vicepresidente JD Vance definió el objetivo central de Estados Unidos como conseguir que Irán se comprometa a ‘no buscar un arma nuclear ni las herramientas que le permitan obtenerla rápidamente’. La posición de Washington es que Irán debe llegar al ‘enriquecimiento cero’. Irán rechazó esa posición en cada ronda de conversaciones. El jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán declaró que ‘el enriquecimiento de uranio no será limitado bajo ninguna circunstancia’.

Según el diario The New York Times, los términos exactos del acuerdo permanecen secretos. Irán y Estados Unidos tienen versiones diferentes sobre qué se acordó y cuándo empiezan los próximos pasos. Teherán condicionó el inicio de las negociaciones nucleares a que Washington libere miles de millones de dólares en fondos congelados. Un funcionario de EE.UU. rechazó esa condición. La firma de Ginebra será el inicio de una negociación, no su conclusión.

Por qué los expertos no llaman a esto ‘paz’

PolitiFact consultó a múltiples expertos en relaciones internacionales sobre la declaración de Trump. La conclusión fue unánime: lo que existe hasta ahora no es un acuerdo de paz. Es un memorándum de entendimiento para comenzar conversaciones. La diferencia es sustancial.

El IAEA, el organismo internacional de vigilancia nuclear, no ha podido inspeccionar las instalaciones iraníes desde los ataques de junio de 2025. Su director, Rafael Grossi, advirtió que cualquier acuerdo que no incluya mecanismos de inspección verificable ‘será una ilusión de acuerdo’. Según la Biblioteca de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, los temas pendientes incluyen el futuro del programa nuclear, el programa de misiles balísticos, la reconstrucción del país, el levantamiento de sanciones y un acuerdo de paz permanente. Cinco nodos críticos sin resolver en 60 días de negociaciones.

Además, Israel no participa en las conversaciones. Y el gobierno israelí, que fue quien inició los ataques en febrero de 2026, no se ha comprometido a cesar sus operaciones en Líbano. El 8 de abril, horas después del anuncio del primer alto el fuego, Israel bombardeó Beirut y mató a más de 300 personas en diez minutos.

Lo que Irán quiere y lo que nunca va a ceder

Para entender la negociación que viene, hay que entender la cosmovisión iraní. Irán no se percibe a sí mismo como un país derrotado buscando rendirse. Se percibe como una civilización milenaria que ha sobrevivido a los macedonios, a los árabes, a los mongoles, a los otomanos y al colonialismo occidental. Cada vez que alguien los sometió, terminaron absorbiendo al conquistador.

Lo que Irán quiere es reconocimiento: que se reconozca su derecho soberano a tener un programa nuclear civil, que se levanten todas las sanciones y que se garantice que no habrá más ataques externos. Lo que nunca va a ceder de forma genuina es su identidad como potencia regional independiente. El enriquecimiento de uranio no es solo tecnología nuclear. Es el símbolo de esa soberanía.

El acuerdo del 19 de junio puede ser el inicio de una solución duradera o puede ser otro capítulo en una historia de promesas rotas. Lo que los próximos 60 días de negociaciones determinarán no es solo el futuro nuclear de Irán. Es si el mundo puede sostener un precio del petróleo estable, si el Estrecho de Ormuz permanece abierto y si la región del Medio Oriente puede encontrar un equilibrio que no dependa de la próxima guerra.

Lo que debe saber el lector

Irán es el país más antiguo en el conflicto más nuevo. Comprender su historia, su religión, su identidad y su economía no es un ejercicio académico. Es la única forma de interpretar lo que están negociando en Ginebra sin dejarse engañar por los titulares. Cuando Trump dice que logró la paz, y los expertos dicen que es una pausa, ambos tienen razón en parte. Lo que hay es un momento de tregua entre dos partes que no han resuelto sus diferencias fundamentales. Y esas diferencias tienen raíces de 5.000 años.

¿Podrá este acuerdo sobrevivir 60 días de negociaciones y convertirse en algo duradero? La respuesta depende de si las potencias involucradas entienden que están negociando con un pueblo que se ha reinventado cada vez que alguien pensó que lo había vencido.

✍️ Daxy Oropeza |  @daxyoropeza
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