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Mundo Económico

Radiografía de una camisa de fuerza monetaria: 26 años de dolarización en Ecuador y sus lecciones para Venezuela

Ecuador lleva más de 25 años con el dólar como moneda oficial. El modelo logró estabilizar una economía golpeada por una crisis monetaria y financiera, pero también dejó al país sin herramientas de política cambiaria. ¿Qué puede aprender Venezuela de esa experiencia?

Gente de Hoy

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El dólar estadounidense se convirtió en la moneda oficial de Ecuador en enero de 2000, tras una de las mayores crisis económicas y financieras de su historia reciente.
La dolarización ecuatoriana nació en medio de una profunda crisis económica y financiera. Más de dos décadas después, su experiencia plantea preguntas sobre los beneficios y costos de renunciar a la soberanía monetaria.

Una dolarización nacida de la crisis

Especial – Por: Oscar Bustamante. – El fenómeno de la dolarización oficial en Ecuador, adoptado en enero del año 2000, constituye uno de los experimentos de política económica más radicales y discutidos de la historia contemporánea de América Latina.

Al cumplirse más de un cuarto de siglo de su implementación, este sistema ofrece un laboratorio empírico excepcional para evaluar los alcances, límites y costos de la renuncia deliberada a la soberanía monetaria.

El presente análisis desglosa las causas de su origen, su evolución temporal, su estado actual y el debate sobre su idoneidad como modelo exportable para economías en colapso destructivo, como la de Venezuela.

El estado de necesidad que llevó al dólar

La decisión de adoptar el dólar estadounidense como moneda de curso legal no nació de una planificación académica óptima, sino de un estado de necesidad ante una crisis sistémica profunda, marcada por seis hechos resaltantes: una devaluación de más de 300 % en 1999, una inflación cercana al 100 %, la insolvencia del sistema financiero, daños severos a la infraestructura por el fenómeno de El Niño, el desplome de los precios petroleros a nivel mundial, principal fuente de ingresos del país, y la pulverización de la balanza de pagos, es decir, la diferencia entre los ingresos y egresos de divisas.

En este contexto, el presidente Jamil Mahuad congeló los depósitos bancarios de los ciudadanos para evitar una corrida, lo que afectó gravemente el sistema de pagos y la liquidez nacional. Esta medida se conoció como el Feriado Bancario nacional.

Un Banco Central sin credibilidad

El Banco Central del Ecuador había perdido su función de prestamista de última instancia creíble. Emitía sucres de forma inorgánica para rescatar bancos quebrados, alimentando un círculo vicioso de devaluación e inflación.

La dolarización no fue una libre elección teórica; fue un mecanismo de rendición monetaria ante una sociedad que ya se había dolarizado de facto de manera informal.

¿Les suena parecido a la realidad actual venezolana? Pues sigamos profundizando en el tema.

El costo de abandonar el sucre

Al tomar la decisión de dolarizar formalmente, el Banco Central del Ecuador tuvo que respaldar la totalidad de la base monetaria, compuesta por los billetes en circulación y los encajes bancarios, con las reservas internacionales disponibles.

La paridad fijada, de 25.000 sucres por dólar, licuó drásticamente el valor de los ahorros y los salarios de la población en un primer impacto, pero permitió equilibrar el balance contable de la autoridad monetaria con las exiguas divisas que quedaban en las bóvedas del Estado.

Se procedió a retirar los billetes de sucre en circulación y sustituirlos por dólares emitidos por la Reserva Federal de Estados Unidos. Asimismo, se eliminó la capacidad del Banco Central de emitir moneda propia o devaluar para ganar competitividad.

Estabilidad a cambio de soberanía monetaria

En el corto plazo, fue un éxito indiscutible para detener la hiperinflación, estabilizar el sistema financiero y frenar la destrucción de la economía.

Sin embargo, socialmente, el costo fue inmenso: hubo un empobrecimiento inicial y una ola migratoria masiva.

No obstante, el sistema cumplió su promesa fundamental en menos de 24 meses: pulverizó la hiperinflación, eliminó el riesgo cambiario y devolvió la predictibilidad al cálculo económico privado.

Al estar el país dolarizado, esta inyección masiva de liquidez no generó inflación interna endógena, lo que incrementó el poder adquisitivo real de las clases media y baja y redujo notablemente los índices de pobreza monetaria.

Los costos estructurales del modelo

A largo plazo, se pudo develar que, cuando los precios del petróleo cayeron y el dólar estadounidense se apreció a nivel global, salieron a la luz los costos estructurales del modelo.

Sin moneda propia, Ecuador no puede devaluar para ganar competitividad externa frente a vecinos con flexibilidad cambiaria, como Colombia o Perú.

El ajuste ante las crisis ya no se hace vía tipo de cambio, sino por el lado real de la economía: contracción del empleo, caída de los salarios o endeudamiento externo agresivo para sostener la liquidez del sistema.

El problema de perder las herramientas monetarias

Si bien los manuales ortodoxos sostienen que perder la política monetaria y cambiaria es un error estratégico porque priva al Estado de herramientas estabilizadoras ante las crisis, este argumento asume la existencia de instituciones técnicas, independientes y responsables.

En el Ecuador de finales de los noventa, la institucionalidad monetaria estaba destruida por la captura política.

Ecuador no es Venezuela

La extrapolación del modelo ecuatoriano al caso de Venezuela requiere extrema cautela analítica.

Venezuela vive una dolarización de facto. Evaluar una transición oficial y formalizada exige contrastar asimetrías y similitudes.

Las coincidencias monetarias son evidentes. Sin embargo, estamos en presencia de dos realidades productivas muy distintas.

Venezuela posee una industria petrolera severamente disminuida y un aparato industrial privado contraído.

¿Dolarizar como punto de partida o como cierre?

A mi modo de ver, la dolarización formal en Venezuela no debe ser el punto de partida, sino el cierre potencial de un programa de estabilización integral.

Adoptarla sin antes recuperar la infraestructura básica, reestructurar la deuda externa, sanear la industria energética y garantizar la seguridad jurídica sería equivalente a colocarle un motor de Fórmula 1 a un vehículo que no tiene ruedas.

Por: Oscar Bustamante: Economista, Máster en Marketing y Dirección Comercial. Profesor universitario, consultor en planificación estratégica. @oscarbm50

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