Crónicas Humanas
Las peripecias de Antonio Leocadio Guzmán
Antonio Leocadio Guzmán fue una de las figuras políticas más influyentes y controvertidas de la Venezuela del siglo XIX. Fundador del Partido Liberal y de El Venezolano, construyó un poderoso liderazgo popular que lo llevó de la cárcel y el exilio a la vicepresidencia de la República, aunque nunca alcanzó la Presidencia.
El primer gran líder popular
Por: Rafael Simón Jiménez. – Antonio Leocadio Guzmán será el primer líder popular que conozca la historia venezolana. Dotado de gran inteligencia y formado en Sevilla y Madrid, en tiempos de la guerra de Independencia, regresó a Venezuela para servir en la Secretaría del Libertador Simón Bolívar y, más tarde, colocarse al lado de José Antonio Páez durante todo el proceso de disolución de la Gran Colombia y el nacimiento de Venezuela como República independiente.
Antonio Leocadio era hijo de un oficial español realista y de Carlota Blanco, pariente cercana de los Bolívar. Su talento y conocimientos le permitirán figurar en los primeros elencos ministeriales de la nueva República, desempeñándose en la cartera de Interior y Justicia.
Con grandes aspiraciones políticas, Guzmán intuye que la alternabilidad impuesta por el binomio Páez-Soublette y las leyes económicas promulgadas por sus gobiernos han generado un profundo descontento en los sectores sociales empobrecidos. Por ello, siente que ha llegado la hora de fundar una agrupación política que convoque y aglutine a esos sectores mayoritarios de la sociedad.
En 1840 oficializa su ruptura con el conservatismo y funda el Partido Liberal, acompañado por el periódico El Venezolano, que pronto se convierte en un auténtico fenómeno político y editorial.
El nacimiento de un liderazgo de masas
Antonio Leocadio, dotado de recursos histriónicos y oratorios, acuña por vez primera el término oligarquía para caracterizar a los sectores económicos que han rodeado a Páez y que medran alrededor de su gobierno, en desmedro de los sectores trabajadores, profesionales y populares.
Pronto, sus proclamas y filípicas desde El Venezolano logran impactar a los sectores empobrecidos por la política económica conservadora, dándole a su liderazgo y a su partido auténticos contornos de fenómeno de masas.
Sin embargo, el ahora llamado Apóstol del Partido Liberal, acostumbrado a los pactos y acuerdos de las políticas palaciegas, jamás pensó que sus consignas producirían una radicalización de las posiciones de los más pobres, ni que desatarían un huracán de violencia y confrontación que amenazaría la estabilidad de la República.
De las proclamas a la insurgencia
Cuando Guzmán observa el efecto de sus prédicas sobre la voluntad y el ánimo de sus seguidores, trata de contenerlos y de buscar un acuerdo con Páez para canalizar las demandas sociales.
Una entrevista pactada en La Victoria, a instancia de Santiago Mariño, fracasa, pues tras el jefe del Partido Liberal marchan campesinos, artesanos y esclavos que pronto derivan hacia el saqueo y la insurgencia.
Los conservadores reaccionan con dureza y el líder del liberalismo pasa a la clandestinidad, para ser luego detenido, enjuiciado, inhabilitado políticamente y, finalmente, condenado a muerte.
Es en esa situación cuando José Tadeo Monagas, impuesto por José Antonio Páez, asume la Presidencia de la República.
Del cadalso a la vicepresidencia
La voltereta política que el nuevo gobernante inicia contra su poderoso predecesor salva a Guzmán del cadalso y, además, le permite pasar de la cárcel y el exilio a la vicepresidencia de la República, cuando los liberales se suman a la reacción antipacista promovida por Monagas.
El jefe liberal saca cuentas y concluye que, al vencerse el período presidencial de Monagas, este lo escogerá como su sucesor.
Pero cuando el líder oriental se decanta por la opción familiar, alternándose con su hermano José Gregorio, Guzmán, decepcionado, comienza un distanciamiento que terminará en ruptura.
Liberales y conservadores contra los Monagas
Liberales y conservadores se acuerdan en 1857 para poner fin al gobierno de los Monagas, cuyo líder principal y presidente, José Tadeo, ha modificado la Constitución para alargar el período presidencial y, además, permitir la reelección.
Ambos partidos —enemigos históricos— hacen un alto en sus graves desavenencias para empujar un alzamiento militar que, capitaneado por Julián Castro, jefe de la guarnición de Carabobo, derroca al jefe de Estado, quien, para salvar su vida, tiene que correr a refugiarse en la legación francesa.
El antiguo vicepresidente frente a Monagas
José Tadeo Monagas, a quien en 1846 la esposa de Guzmán, Carlota Blanco, había suplicado que salvara la vida de su marido, observa desde el interior de la embajada francesa cómo cientos de personas gritan insultos contra su persona y amenazan con asaltar la sede diplomática.
Entre la multitud observa a Guzmán, su antiguo vicepresidente y aquel a quien le debe la vida. Desde un corcel blanco, Guzmán agita a la concurrencia con altisonantes gritos:
¡Abajo Monagas! ¡Mueran los ladrones!
Un liderazgo que nunca llegó a la Presidencia
Los vaivenes, los cambios de posición y las volteretas políticas impedirán a Antonio Leocadio Guzmán, pese a su inmensa popularidad, acceder a la Presidencia de Venezuela.
Tendrá que conformarse con ver cómo su hijo, Antonio Guzmán Blanco, se encumbra durante largos años en la jefatura del Estado.
Su talento y capacidad de maniobra serán reconocidos hasta por sus más acérrimos adversarios. Uno de ellos graficó sus dotes sosteniendo una manzana en sus manos para afirmar:
Por una manzana perdió el paraíso Adán;
si hubiera sido Guzmán, se traga hasta la serpiente.
Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano
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