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Crónicas Humanas

General Joaquín Crespo: ¡No sean embusteros, ahí estaba toda Caracas!

La historia política venezolana está llena de episodios que evidencian cómo la adulación y las medias verdades han acompañado al poder desde el siglo XIX. Una de las anécdotas más reveladoras involucra al general Joaquín Crespo y al fenómeno electoral que representó José Manuel Hernández, conocido como «El Mocho».

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La campaña presidencial de 1897 y el fraude electoral contra José Manuel Hernández marcaron el final de la hegemonía del Liberalismo Amarillo y el comienzo del predominio político andino en Venezuela.
La anécdota de Joaquín Crespo y José Manuel Hernández retrata una vieja tradición política venezolana: la adulancia, el cortesanismo y la negación de una realidad que resulta incómoda para el poder.

Especial. –  Por: Rafael Simón Jiménez. – El arte de la adulancia, el rastacuerismo, la incondicionalidad y el cortesanismo, tan de moda en estos tiempos, tiene remotos antecedentes en la política venezolana. Ante sus formas más grotescas o sutiles han sucumbido todos nuestros gobernantes, desde José Antonio Páez hasta la desmesura que practican hoy los validos del poder.

El heredero del Liberalismo Amarillo

El general Joaquín Crespo fue el último gran caudillo militar del siglo XIX venezolano. Formado desde muy joven en las guerras que consumían a Venezuela, llegó a construir una compleja personalidad que reunía valor y arrogancia, junto con dosis de tolerancia y comprensión frente a los ataques de sus adversarios.

Correspondió a Crespo heredar las viejas glorias del Liberalismo Amarillo, que alcanzó sus mayores cumbres durante la época guzmancista y comenzó luego a menguar debido a las cabriolas de quienes sucedieron al «Ilustre Americano» y a la propia despreocupación de Antonio Guzmán Blanco por el poder nacional, más interesado en disfrutar de los placeres de la «Belle Époque» parisina.

Con lealtad y consecuencia, Crespo terminó siendo el heredero del sistema predominante en Venezuela desde el Tratado de Coche, que puso fin a la larga y desgarradora Guerra Federal.

La Revolución Legalista y el control del poder

A partir de la Revolución Legalista, que liquidó las pretensiones continuistas de Raimundo Andueza Palacio, el nuevo jefe político y militar del país impuso un estilo caracterizado por la apertura y la tolerancia en las libertades públicas, incluyendo las de organización política y de prensa.

Aquello daba una apariencia de democracia y pluralismo, pero mantenía una concepción tutelar del poder, según la cual solo podía sucederlo quien él escogiera como obediente delfín, dispuesto a devolverle el mando al concluir el cuatrienio presidencial. Esto implicaba un riguroso control de los mecanismos electorales.

El surgimiento de «El Mocho»

En 1897, los venezolanos habilitados para votar debían escoger al sucesor de Crespo. El caudillo guariqueño confiaba en imponer a un hombre de confianza que cuidara la silla presidencial durante cuatro años.

Sin embargo, sus planes comenzaron a tambalear con la aparición del liderazgo del general José Manuel Hernández, conocido por sus seguidores como «El Mocho», quien terminó convirtiéndose en un auténtico fenómeno electoral en la Venezuela de finales del siglo XIX.

Una campaña inédita

José Manuel Hernández era un personaje pintoresco. Aunque su grado militar carecía de grandes credenciales guerreras, sus vivencias en los Estados Unidos le permitieron conocer y asimilar métodos electorales novedosos para la época: giras, propaganda, mítines y contacto directo con los votantes.

Al regresar a Venezuela, organizó el Partido Liberal Nacionalista, conocido popularmente como el partido «mochista». Con una visión moderna, revivió el viejo conservadurismo desaparecido desde 1863 y le imprimió una notable fuerza popular, convirtiéndose en el personaje de mayor respaldo social del país.

El fraude inevitable

Joaquín Crespo era consciente de que solo mediante un fraude masivo podría deshacerse de su incómodo y popular adversario.

Con la intención de regresar al poder en 1902, escogió como candidato al general Ignacio Andrade, uno de los dirigentes más apagados del liberalismo. Incapaz de competir con la arrolladora popularidad del «Mocho», el oficialismo se preparó para controlar juntas y mesas electorales.

«No sean embusteros, yo estuve allí»

Con el mayor cinismo, pero también con plena conciencia de la realidad política, Crespo sabía que José Manuel Hernández gozaba de un respaldo popular nunca antes visto en Venezuela.

Deseoso de comprobar hasta dónde llegaba la inclinación de sus ministros y allegados por halagarlo con mentiras, les ordenó infiltrarse en el acto de cierre de campaña del candidato opositor, realizado en la entonces Plaza de La Misericordia, en Caracas.

Al regresar a la Casa Amarilla, los ministros minimizaron el evento:

—¡Qué va, general! No había nadie. Apenas cuatro gatos. ¡Fue un fiasco!

Entonces Crespo, que disfrazado de paisano había asistido personalmente a la concentración, los enfrentó con una frase que quedó para la historia:

—¡No sean tan embusteros! ¡Yo estuve allí, estaba toda Caracas!

El fin de una era

El fraude electoral contra José Manuel Hernández cerró un ciclo histórico y político en Venezuela. La muerte de Joaquín Crespo y la impotencia de su sucesor impuesto, Ignacio Andrade, enterraron definitivamente el predominio del Liberalismo Amarillo y abrieron paso a una nueva hegemonía: la de los andinos.

Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano

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