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Poder & Liderazgo

Dinora Figuera aterriza en Venezuela con una misión de Washington: renovar el CNE y abrir la vía electoral

La presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, Dinora Figuera, llegó a Caracas en una visita organizada desde Washington con objetivos precisos: construir un nuevo Consejo Nacional Electoral creíble y allanar el camino hacia elecciones presidenciales. Su primera reunión con Jorge Rodríguez el mismo día de su llegada marca el inicio de una nueva fase en el proceso de transición venezolano.

Gente de Hoy

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Si este proceso avanza, Venezuela podría tener elecciones en 2026
En pocas horas, la dinámica política de Venezuela cambió. Una mujer llegó desde España y se sentó con el régimen. Lo que está en juego: el futuro electoral de un país.

Una llegada que no fue improvisada

Especial. – Dinora Figuera no llegó a Venezuela a improvisar. Aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía con una agenda construida en Washington, negociada en reuniones con el Departamento de Estado, y cargada de objetivos que el interinato no puede ignorar ni rechazar. Desde el primer minuto en la pista, Figuera fue clara: el tema prioritario es la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral que sea creíble para todos los actores políticos venezolanos.

La visita no tomó por sorpresa a nadie dentro del juego de poder real. Fuentes del equipo de María Corina Machado en Washington confirmaron que la líder opositora estaba al tanto de la designación. La propia María Corina había anticipado, semanas antes, que las negociaciones con el interinato podían comenzar sin su presencia física en el país. Figuera es, en ese sentido, la bisagra que Washington eligió para articular lo que ninguna otra figura podía hacer en este momento.

Por qué Figuera y no otra persona

La selección de Dinora Figuera como interlocutora principal no es arbitraria. Es la última figura política venezolana que el gobierno de Estados Unidos reconoció oficialmente como autoridad legítima, en su calidad de presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015 y reconocida internacionalmente desde 2018.

A diferencia de otros actores de la oposición, Figuera no carga un historial de declaraciones radicales que el régimen pueda usar como pretexto para bloquear el diálogo. Fue perseguida, se exilió en Francia y luego en España, y el chavismo le impuso una orden de detención con solicitud de captura a la Interpol bajo acusaciones de corrupción que nunca se probaron. Aun así, el régimen tuvo que recibirla. Jorge Rodríguez, que hace pocas semanas la llamaba «supercorrupta», se sentó con ella el mismo día de su llegada.

«Los días de la retórica combativa se acabaron. Es hora de salvar diferencias y comenzar un nuevo capítulo para todos los venezolanos.»

— Michael Kozak, Subsecretario encargado para América Latina, Departamento de Estado de EE.UU., tras reunirse con Figuera el 22 de abril en Washington.

La agenda: CNE, TSJ y el bloqueo a la candidatura de MCM

Figuera llegó con una lista de prioridades concretas. La primera: la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral con magistrados independientes, sin militancia chavista ni opositora, y con aceptación de las partes. Ese solo paso implica una revolución institucional. El CNE actual fue el organismo que avaló los resultados que proclamaron a Maduro como presidente electo en 2024, en un proceso cuya legitimidad fue rechazada por decenas de países.

Pero renovar el CNE no es suficiente. Junto a esa reforma viene, necesariamente, la del Tribunal Supremo de Justicia. La sala electoral del TSJ fue el instrumento que ratificó los resultados cuestionados. Sin un tribunal independiente, cualquier proceso electoral seguirá siendo vulnerable a la manipulación judicial. La agenda de Figuera apunta también a la restitución plena de los partidos políticos que han sido intervenidos o prohibidos por el régimen, y a la habilitación de María Corina Machado como candidata presidencial.

Existen otras aristas críticas: la depuración del registro electoral —que podría tener millones de votantes fantasma sin auditoría desde hace más de dos décadas—, la posible transición de un sistema de votación electrónico a uno manual, el voto de venezolanos en el exterior, y la revisión de leyes cuestionadas por inversionistas, entre ellas la ley de hidrocarburos, que aún permite al Estado rescindir contratos de forma unilateral.

La presión de Washington: por qué Estados Unidos necesita esto

La administración Trump no está actuando por altruismo. Tiene razones económicas y estratégicas de peso. Empresas norteamericanas con interés en Venezuela —entre ellas ExxonMobil— han expresado preocupación por la falta de un piso legal que garantice que los contratos firmados hoy serán respetados en el futuro, independientemente de quién esté en el poder. Esa incertidumbre jurídica bloquea las inversiones masivas que forman parte del plan de recuperación económica que Washington tiene diseñado para Venezuela en el largo plazo.

La llegada de Figuera es, en ese contexto, una operación de ingeniería institucional. Estados Unidos necesita acuerdos con respaldo legal sólido, y para eso necesita instituciones creíbles: un CNE, un TSJ y un sistema de partidos que le den legitimidad no solo al proceso electoral, sino a todos los contratos y acuerdos económicos que se firmen durante y después de la transición.

«Estados Unidos acoge con beneplácito la reunión entre Jorge Rodríguez y Dinora Figuera para debatir una agenda que servirá de hoja de ruta para el diálogo político sobre la transición democrática. Este es un primer paso en lo que será un proceso reflexivo para asegurar una sociedad venezolana libre y abierta.»

— Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, comunicado oficial emitido horas después de la primera reunión.

La jugada a tres bandas: Figuera entre Washington, el régimen y la oposición

El papel que juega Dinora Figuera es de una complejidad que pocos han descrito con precisión. No es solo la interlocutora con el régimen. Es también la correa de transmisión entre Washington y la oposición, en particular con María Corina Machado. Sus acuerdos con el interinato chavista no tendrán valor duradero si no cuentan con el visto bueno de la oposición democrática, que tiene en MCM a su figura de mayor respaldo popular.

Figuera llega con poder real: cualquier queja que presente ante Washington tiene consecuencias directas para el régimen. El interinato sabe que no puede ignorarla, ralentizar las negociaciones sin costo, ni imponer condiciones que violen el espíritu de los acuerdos que ya se comprometió a respetar bajo presión de Estados Unidos. Esta nueva dinámica elimina la estrategia dilatoria que el chavismo ha usado durante años.

El régimen, además, ya anunció la creación de una comisión técnica para desarrollar los detalles de los acuerdos. Es una señal de que, al menos en la superficie, acepta el proceso. Lo que queda por ver es la velocidad de los avances y el nivel real de cumplimiento.

¿Y cuándo serán las elecciones?

El calendario constitucional añade presión. El 2 de julio se cumplen 180 días del interinato, el plazo máximo que establece la Constitución venezolana para convocar nuevas elecciones ante la ausencia de un mandatario electo con legitimidad reconocida. Ese vencimiento convierte el tema electoral en una urgencia institucional, no solo política.

Si las negociaciones avanzan al ritmo que Washington espera, las estimaciones apuntan a que las elecciones presidenciales podrían celebrarse en algún momento de 2026. Pero el camino tiene obstáculos concretos: la reforma del CNE, la depuración del padrón electoral, la habilitación de candidatos, la revisión del sistema de votación y el desmantelamiento progresivo de los mecanismos de control que el chavismo ha construido durante más de dos décadas.

Lo que ya no está en debate es si habrá proceso. La llegada de Figuera cierra la puerta a los escenarios que contemplaban una prórroga del interinato hasta 2030 o una reforma constitucional que pospusiera indefinidamente cualquier convocatoria electoral.

Venezuela entra en una fase sin retorno

A partir de la llegada de Dinora Figuera, el tablero político venezolano cambió. El régimen ya no puede actuar unilateralmente. No puede nombrar magistrados sin consenso, no puede otorgar contratos sin licitación, no puede reformar la Constitución sin acuerdo. Está obligado a ceder espacios institucionales que durante años controló totalmente.

Para los venezolanos dentro del país, que viven con apagones eléctricos, escasez de agua, inseguridad y una economía devastada, la llegada de Figuera es la señal más concreta de que el proceso de cambio tiene ahora una hoja de ruta real. No es una garantía. Es el inicio de una negociación que, si avanza, puede poner las condiciones para que Venezuela elija su propio destino.

El reloj ya corre. Y todos, por primera vez en mucho tiempo, lo saben.

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