Crónicas Humanas
Mi amor, estamos en manos de un loco
Manuel Antonio Matos, destacado banquero y líder militar improvisado, fue protagonista de la Revolución Libertadora en Venezuela y clave en las tensiones políticas de 1899.
Banquero y hombre de negocios
Por: Rafael Simón Jiménez. – Manuel Antonio Matos, precursor de los negocios bancarios en la Venezuela de las últimas décadas del siglo XIX, será también un improvisado jefe militar. Pese a carecer de toda experiencia bélica, se convirtió en protagonista de primer orden en la última gran contienda civil que consumió al país desde los tiempos de la independencia. Con razón, el circunstancial jefe militar dedicó a sus hijos estas palabras en sus memorias:
«Mi paso por la vida no carece de originalidad.»
La holgada posición económica de su familia permitió al joven Matos recibir una educación distinguida en colegios de élite y en centros de formación en Nueva York y varias ciudades europeas, donde se formó en comercio y finanzas. En 1868 regresó a Venezuela, comenzó a gestionar empresas exitosas y fue adquiriendo notoriedad económica que precedería a su influencia política.
Matos se encontraba entre los promotores del Banco Caracas, la primera entidad bancaria formal de la capital, y su acercamiento al poder se produjo de la mano de su concuñado, el poderoso general Antonio Guzmán Blanco. Incluso por una campaña militar irrelevante, Guzmán Blanco se atrevió a concederle el título de General de Brigada, que años más tarde reivindicaría al ponerse al frente de la Revolución Libertadora.
Influencia política y poder financiero
De la mano de su influyente pariente político, los negocios y las conexiones de Matos lo convirtieron en un personaje clave para los gobiernos del denominado “Liberalismo Amarillo”. Incluso cuando Guzmán Blanco se marchó definitivamente de Venezuela en 1887, Manuel Antonio Matos continuó siendo influyente en lo económico y político: sus bancos, El Caracas y El Venezuela, servían de auxilio permanente para las siempre precarias finanzas públicas.
Incluso durante los gobiernos de Raimundo Andueza Palacio, Joaquín Crespo e Ignacio Andrade, Matos estuvo cerca de asumir la cartera de Hacienda, confiando en que sus dotes financieras podrían salvar los colapsados ingresos públicos.
La oportunidad de Cipriano Castro
El fraude electoral de 1897, que frustró las aspiraciones del General José Manuel Hernández, el popular “Mocho”, y la muerte del último gran caudillo Joaquín Crespo, desató una crisis política por la incapacidad del presidente Andrade para controlar a los ambiciosos militares de su entorno.
Esta fue la oportunidad que Cipriano Castro esperaba desde hacía siete años. Desde las vecindades del Táchira con Colombia, avanzó hacia el centro con más derrotas que victorias, aprovechando siempre las rivalidades y traiciones que rodeaban al atribulado mandatario. Castro llegó a Valencia luego de su discutido triunfo en la batalla de Tocuyito, donde convaleció por la fractura de una pierna, mientras el ejército gubernamental aún contaba con superioridad numérica y material.
Consciente de la situación, el presidente Ignacio Andrade nombró a Matos al frente de una comisión para negociar con Castro fórmulas de reconciliación. Sin embargo, el general andino rechazó las propuestas y respondió contundente:
«Dígale a Andrade que se rindan a discreción.»
La entrada triunfal y la advertencia
Mientras Matos se afanaba en su papel de negociador, el 19 de octubre de 1899, Andrade decidió marcharse al exterior, despejando la ruta para el triunfo del ejército andino. Matos, frustrado en sus gestiones conciliadoras, acompañó a Cipriano Castro en su entrada triunfal a Caracas. Al llegar a su casa, le dijo alarmado a su esposa:
«María, estamos en manos de un loco.»
Pronto comprobaría lo acertado de su diagnóstico. Escaso de fondos, Castro exigía financiamiento a los banqueros y, ante la negativa, los hacía encarcelar y desfilar encadenados por las calles de Caracas. Matos encabezó el grupo de banqueros humillados, pero el agravio motivó que apelara a su título de general y preparara la mayor contienda civil de Venezuela, financiada con donaciones de firmas internacionales como el Cable Francés, el Ferrocarril Alemán y la New York & Bermúdez Company. Durante dos años, logró controlar buena parte del país, reuniendo los remanentes del caudillaje histórico, hasta sufrir la derrota militar en la Batalla de La Victoria.
Canciller y empresario
Matos viviría muchos años después de la guerra. Fue canciller durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, cuando este se enfrentó a su belicoso compadre, y luego se dedicó al desarrollo de sus negocios financieros, falleciendo en París en 1929.
Como él mismo lo definió, su vida “no careció de originalidad”, recordando especialmente aquel día en que, acompañado de Cipriano Castro en Caracas, dijo a su esposa:
«María, estamos en manos de un loco.»
Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano
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