Crónicas Humanas
La política norteamericana del gran garrote
Análisis histórico de la política del gran garrote de Theodore Roosevelt y su impacto en América Latina y el Caribe durante el siglo XX.
Origen de la doctrina del “gran garrote”
Por: Rafael Simón Jiménez. – Con esta denominación se conocen las formulaciones en materia de política exterior —y particularmente en las relaciones con los países caribeños y latinoamericanos— elaboradas por Theodore Roosevelt, vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, quien ascendió por primera vez a la presidencia tras el asesinato del mandatario William McKinley.
Roosevelt expuso por primera vez su visión sobre el papel de Estados Unidos en el hemisferio en un discurso pronunciado en la Feria de Minnesota el 2 de septiembre de 1901. Para conceptualizar su posición, recurrió a un proverbio proveniente de África Occidental que sentenciaba:
“Habla suavemente y lleva un gran garrote; así llegarás lejos”.
El corolario Roosevelt y la Doctrina Monroe
Esta definición de política internacional, que posteriormente sería conocida como el “corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe”, buscaba actualizar las tesis formuladas por su antecesor James Monroe. En su discurso ante el Congreso el 2 de diciembre de 1823, Monroe proclamó la consigna de “América para los americanos”, con el objetivo de disuadir a los viejos imperios europeos —coaligados en la denominada Santa Alianza— de cualquier incursión militar destinada a reconquistar sus antiguas posesiones coloniales, ya transformadas en repúblicas independientes tras largas y desgarradoras guerras de emancipación.
Estados Unidos como potencia hemisférica
El desarrollo económico, industrial y militar alcanzado por Estados Unidos a comienzos del siglo XX lo proyectaba como un actor mundial de primer orden. Este poderío determinó una ampliación de su presencia e influencia en todo el continente, especialmente tras la guerra hispano-estadounidense, que le otorgó la posesión de Puerto Rico y una influencia determinante sobre Cuba.
A ello se sumó la expansión de grandes consorcios económicos, como la United Fruit Company, que a través de su presencia comercial ejercían también dominio en los asuntos políticos, principalmente en Centroamérica y el Caribe, imponiendo gobiernos solícitos e incondicionales a sus intereses.
El discurso de 1904 y el rol de “policía internacional”
Ya electo presidente titular, el 6 de diciembre de 1904, Theodore Roosevelt expuso los fundamentos de su doctrina en su discurso sobre el Estado de la Unión. Allí enunció lo que sería denominado el corolario de la doctrina de Monroe, expresando de manera clara y terminante:
“Debe entenderse que bajo ninguna circunstancia Estados Unidos utilizará la Doctrina Monroe como pretexto para una agresión territorial, sobre todo contra los demás pueblos del continente americano. Sin embargo, existen límites a los agravios que cualquier nación puede soportar; es posible que acciones indebidas contra esta nación o sus ciudadanos, o la incapacidad de algún Estado para mantener el orden interno o impartir justicia, nos obliguen a tomar medidas para proteger nuestros derechos…”
Acto seguido puntualizó:
“…pero dichas medidas no se tomarán con miras a una agresión territorial y solo se adoptarán con extrema reticencia, cuando sea evidente que se han agotado todos los demás recursos”.
“Hablar suave y llevar un gran garrote”
El hilo del discurso, conforme al proverbio del “gran garrote” —hablar suavemente, pero portar un gran garrote— continuaba en los siguientes términos:
“Si una nación demuestra que sabe conducirse con eficiencia razonable, mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o el relajamiento general de las reglas de la sociedad civilizada pueden exigir, en consecuencia, la intervención de una nación civilizada; y en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligarlos, aun en contra de sus deseos, a ejercer un poder de policía internacional…”
Implicaciones de la política del gran garrote
En la denominada política del “gran garrote” estaba implícita la conducta que, en lo sucesivo, asumiría Estados Unidos en sus relaciones hemisféricas y particularmente continentales. En primer lugar, se arrogaba el papel de “policía internacional”, lo que conllevaba un unilateralismo para calificar la conducta de los países latinoamericanos e intervenir cuando, a su juicio, esta no se ajustaba a los parámetros de un “buen comportamiento”.
Asimismo, esta formulación incorporaba un efecto disuasivo: inducir a los países del continente a salvaguardar voluntariamente los lineamientos de Washington, para evitar que el “garrote” fuese utilizado para “ponerlos en cintura”.
Consecuencias prácticas en América Latina
El llamado “corolario Roosevelt” de la Doctrina Monroe marcaría en adelante las relaciones de Estados Unidos con su vecindario. Para muchos analistas, la consigna original de Monroe —“América para los americanos”— había mutado de forma sustancial hacia “América para los norteamericanos”.
Su aplicación práctica se manifestó prontamente en la mediación del conflicto de Venezuela con las potencias europeas, donde Estados Unidos determinó el monto de las reclamaciones exigidas y la hipoteca de las aduanas venezolanas como garantía de pago. Posteriormente, se produjo la intervención directa en la República Dominicana, a la que seguirían otras en casi todos los países de Centroamérica y el Caribe.
El giro de la política del “buen vecino”
Sería durante el largo período del llamado Segundo Roosevelt (1933–1945), Franklin D. Roosevelt —pariente del primero, al igual que su esposa— cuando las relaciones hemisféricas de Estados Unidos experimentarían un cambio sensible. En ese contexto se delineó la política del “buen vecino”, orientada a establecer relaciones de amistad e igualdad con los países latinoamericanos, posiblemente ante la inminencia de un segundo gran conflicto mundial que requería la solidaridad regional.
El Nobel de la Paz y el legado de Roosevelt
Theodore Roosevelt, el hombre del “gran garrote”, se haría acreedor al Premio Nobel de la Paz en 1906, aunque no por sus concepciones sobre las relaciones hemisféricas, sino por su papel como mediador exitoso en el fin de la guerra ruso-japonesa (1904–1905). Foto cortesía
Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano
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