Patrimonio & Ciudad
El lenguaje del alma: Barquisimeto se rinde ante su Pastora en una cita con la eternidad
En su visita número 168, la Divina Pastora abraza a Venezuela con un gesto de humildad sin precedentes. Una crónica sobre la fe que mueve montañas y el misterio de una devoción que no conoce fronteras.
Especial. – Hoy el cielo de Lara tiene un color distinto. No es el sol, es la luz de millones de promesas que caminan hacia un mismo destino. La procesión de la Divina Pastora ha dejado de ser, hace mucho tiempo, un simple evento religioso para convertirse en la manifestación de amor colectivo más grande del continente. Este 14 de enero de 2026, el asfalto se transforma en un santuario abierto donde el único decreto que impera es el de la oración y la gratitud. Barquisimeto no solo recibe a una imagen; recibe el consuelo que solo una madre puede otorgar.
La sencillez de lo sagrado: Una Madre que se hace pueblo
La imagen de este año quedará grabada en la memoria del tiempo. Al ver a la Divina Pastora despojada de sus galas de reina para vestir los colores del tamunangue, el mensaje es directo al corazón: la divinidad habita en lo sencillo. Ver al Niño Jesús con su pequeño liqui-liqui y sus alpargatas es ver la identidad de un pueblo que se reconoce en su fe. Esta vestimenta inédita es un puente espiritual que une nuestras raíces culturales con la esperanza eterna. Es la Virgen diciéndonos que camina a nuestro paso, con nuestro mismo calzado y bajo nuestro mismo sol.
El silencio que grita: La fuerza de la oración caminante
A pesar de la multitud que desborda las avenidas, existe un silencio profundo que solo se rompe con los cantos y los rezos. Cada paso en estos 7.5 kilómetros es una conversación privada. Hay quienes caminan descalzos por un favor recibido, otros llevan flores como ofrenda por la salud recobrada, y miles elevan sus manos por la paz del hogar. En esta visita 168, la procesión se siente como un gran abrazo nacional, donde el cansancio físico se disuelve ante la fortaleza del espíritu.
El misticismo de Santa Rosa a la Catedral
La salida desde el pueblo de Santa Rosa marca el inicio de un éxtasis colectivo. El aroma a incienso se mezcla con la brisa de la tarde mientras la sagrada imagen avanza sobre los hombros de sus devotos. No hay distinción de clases ni de procedencias; en la procesión, el profesional camina junto al obrero y el anciano junto al niño. Es el milagro anual de la unidad: un momento en el tiempo donde Venezuela se reconoce como una sola familia bajo el manto azul y ocre de su Pastora.
«Venir aquí es recargar el alma para todo el año; Ella no nos pide nada, Ella nos lo da todo con solo mirarnos», comenta una devota emocionada a las puertas de la Catedral.
Una transmisión para el mundo
Gracias a la tecnología, la visita 168 llega a cada rincón del planeta. Para quienes están lejos, ver a la Virgen vestida de tamunanguera es un reencuentro con su tierra. Las pantallas se llenan de intenciones y velas encendidas desde la distancia, demostrando que la devoción a la Divina Pastora es un vínculo que ninguna geografía puede romper. La fe larense es hoy el faro que guía a los corazones hacia un puerto de esperanza y renovación espiritual.
La esperanza como destino final
Al caer la tarde y entrar la imagen a la Catedral, el sentimiento es de plenitud. La Divina Pastora nos recuerda que, más allá de cualquier circunstancia, la fe es la brújula que nunca falla. Vestida de pueblo, caminando con su pueblo, la Madre nos deja una lección de humildad y fortaleza. Mañana Barquisimeto volverá a su rutina, pero los corazones irán renovados, llevando consigo el perfume de una fe que, tras 168 años, sigue más viva que nunca.
«La fe es dar el primer paso, incluso cuando no ves la escalera completa.» — Martin Luther King.
✍️ Daxy Oropeza | @daxyoropeza
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