Medicina y salud
Palabras simples / Ni títulos ni diplomas nos salvan
Un testimonio expone que la violencia de género atraviesa profesiones, cargos y logros académicos, y llama a romper el silencio como acto de justicia y responsabilidad social.
Por: Nilsen Lares Villarreal.- La violencia contra las mujeres no distingue credenciales. No importa si llevamos una bata blanca, un birrete académico o un cargo de responsabilidad: seguimos siendo vulnerables a las mismas heridas que atraviesan a tantas. Las profesionales también somos víctimas, porque el machismo y la impunidad no respetan diplomas ni trayectoria.
Hoy alzo la voz a través de esta vía para que ninguna mujer siga siendo víctima de violencia. Que seamos capaces de hablar, aunque nos tiemble la voz, aunque el miedo nos recuerde que seremos juzgadas por el “qué dirán”. Porque hablar es difícil, pero callar perpetúa la herida.
Yo también fui víctima
Después de tantos años transitando la ruta de acceso a la justicia, hoy quiero visibilizar que sufrí violencia por parte del hombre que una vez amé. No fue fácil reconocerlo, menos aún enfrentarlo en un sistema que tantas veces nos revictimiza. Pero finalmente se hizo justicia: él fue declarado culpable. Y esa palabra —justicia— no es solo un fallo judicial, es también la posibilidad de recuperar la dignidad, de demostrar que la verdad puede abrir camino.
Aunque mi estilo no es mezclar lo personal con lo profesional, he decidido escribir al respecto porque me preocupa la cantidad de mujeres que son víctimas de violencia y que aún permanecen silenciadas. No podemos seguir creyendo que el silencio protege; al contrario, el silencio perpetúa la impunidad. Hablar desde la experiencia es también un acto de responsabilidad social, porque cada palabra compartida abre un espacio para que otras mujeres se reconozcan, se fortalezcan y encuentren el valor de alzar su voz.
La violencia no distingue profesiones ni logros
Podemos ser profesionales de la salud, abogadas, docentes, artistas, periodistas, ingenieras, y aun así ser reducidas por la violencia. El éxito profesional no es un escudo. La sociedad debe entender que detrás de cada título hay una mujer que también siente miedo, que también enfrenta prejuicios, que también carga con heridas invisibles.
Que nuestra voz sea eco. Hoy mi voz se suma a la de tantas mujeres que han decidido romper el silencio. Porque cada testimonio abre una grieta en el muro de la impunidad. Porque cada palabra pronunciada es un acto de resistencia. Y porque solo juntas podremos transformar el miedo en fuerza y la herida en memoria.
La justicia es posible y la voz transforma. Hoy mi historia se convierte en palabra pública para recordar que ninguna mujer está sola. Que ni títulos ni diplomas nos salvan, pero sí la valentía de hablar, la solidaridad de escucharnos y la firmeza de exigir un mundo distinto. Que cada voz levantada sea semilla de cambio, y que cada mujer que rompe el silencio abra camino para que la violencia deje de ser destino y se convierta en justicia.
