Gente que Inspira
Viernes Santo: el día en que el amor venció al poder — reflexión para hoy
Las meditaciones del Vía Crucis 2025 en el Coliseo Romano, escritas por el padre Francesco Patton, ofrecen una lectura urgente del mundo actual: quienes abusan del poder responderán ante Dios, y solo el amor genuino puede vencer la violencia.
El Vía Crucis no es un rito del pasado — es un espejo del presente
Especial. – El Viernes Santo de 2025 llega cargado de una pregunta que no envejece: ¿qué significa recorrer el camino de Jesús en un mundo donde la guerra sigue siendo una opción política, donde la dignidad humana se pisotea sin consecuencias y donde el poder se ejerce como si fuera ilimitado?
La respuesta la ofrece el padre Francesco Patton, fraile menor y ex Custodio de Tierra Santa, en las meditaciones que escribió para el Vía Crucis del Coliseo Romano. Con el papa León XIV como portador de la cruz a lo largo de las 14 estaciones —desde el Anfiteatro Flavio hasta el Monte Palatino—, el franciscano tejió una reflexión que conecta los Evangelios de la Pasión con los textos de San Francisco de Asís, en el año del octavo centenario de su muerte.
El resultado es un documento de espiritualidad, sí. Pero también de denuncia social.
El poder que juzga, declara la guerra y humilla a los pueblos
La primera estación coloca a Jesús ante Pilato. El padre Patton no lee ese episodio como arqueología religiosa. Lo lee como retrato del hoy.
«También hoy algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo», escribe. Y enumera con precisión quirúrgica las formas en que ese poder se manifiesta: el poder de iniciar una guerra o terminarla, de educar en la violencia o en la paz, de usar la economía para oprimir o para liberar, de pisotear la dignidad humana o defenderla.
La advertencia es directa: toda autoridad responderá ante Dios. No hay excepciones de rango ni de nación.
Despojados: de Cristo a los prisioneros de hoy
La décima estación —»Jesús despojado de sus vestiduras»— es, quizás, la más perturbadora del recorrido. El padre Patton enumera quiénes repiten hoy el gesto de los soldados romanos: los regímenes autoritarios que humillan a los prisioneros, los torturadores, los abusadores sexuales, la industria del entretenimiento que instrumentaliza la desnudez, y también los medios de comunicación que «despojan» a las personas ante la opinión pública.
Y añade algo más incómodo aún: nosotros mismos, cuando la curiosidad personal no respeta la intimidad ajena.
La respuesta del franciscano no es la indignación reactiva, sino la transformación interior: dejarse revestir por Jesús de humildad, compasión y pudor renovado.
El poder verdadero no usa la fuerza — usa el amor
En la undécima estación, con Cristo ya clavado en la cruz, el padre Patton ofrece la clave de lectura de todo el recorrido. El poder auténtico no es el que impone la muerte, sino el que entrega la vida. No es el de los ejércitos, sino el de quien carga sobre sí el mal de la humanidad.
«Lo que vence no es el amor por la fuerza, sino la fuerza del amor», escribe. Una frase que suena a paradoja, pero que en el contexto de un mundo donde la violencia se presenta como solución eficaz, recupera toda su radicalidad.
Los Simonos Cireneo del siglo XXI
A lo largo del camino al Calvario, el padre Patton identifica en los personajes del relato evangélico los rostros de millones de personas contemporáneas.
En Simón de Cirene —quinta estación—, ve a los voluntarios que arriesgan la vida para llevar alimento, atención médica y justicia a quienes lo necesitan. Muchos de ellos, no creyentes, ayudan a Jesús «sin saberlo» al cuidar de otros.
En la Verónica, ve a quienes reconocen a Cristo en los pobres privados de dignidad, en las mujeres víctimas de trata, en los niños a quienes se les robó la infancia.
En las mujeres de Jerusalén, ve a todas las presencias femeninas «donde hay sufrimiento o necesidad»: en hospitales, casas de ancianos, zonas de conflicto y los lugares más remotos de la misión.
Y en María, bajo la cruz, ve a todas las madres que hoy lloran a hijos detenidos, deportados, naufragados o muertos en la guerra.
La caída como maestría de la humildad
Las tres caídas de Jesús en el camino no son derrotas. Son, para el padre Patton, una pedagogía: la enseñanza de que la humildad se aprende también desde la experiencia de caer. Y que cuando se cae, es Dios quien levanta.
«En el camino, tras tus huellas, no importa cuántas veces caigamos, sólo importa que Tú estás a nuestro lado y estás dispuesto a levantarnos una vez más, innumerables veces, porque tu amor, tu perdón y tu misericordia son infinitamente más grandes que nuestra fragilidad.»
El Vía Crucis como compromiso de vida real
Al concluir sus meditaciones, el padre Patton recoge una instrucción de San Francisco de Asís: «Ofreced vuestros cuerpos y llevad a cuestas su santa cruz, y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos.»
El mensaje es claro: el Vía Crucis no es un ejercicio devocional aislado de la realidad. Es el entrenamiento del creyente para actuar en el mundo concreto, con la misma lógica de Jesús: servicio, amor fraterno, entrega de la vida.
En un mundo donde la guerra regresa como política, donde los cadáveres no siempre reciben sepultura digna y donde la dignidad humana se mercantiliza, las meditaciones del padre Patton devuelven al Viernes Santo su filo más cortante.
No es el día de una derrota antigua. Es el día en que el amor desafió al poder. Y ganó.
Fuente: Vatican News / Tiziana Campisi — Ciudad del Vaticano. Meditaciones íntegras del padre Francesco Patton para el Vía Crucis del Coliseo Romano, Viernes Santo 2025.
Gente de Hoy | Periodismo con propósito
Todo lo que quieras en Amazon está aquí: Gentedehoy_20
Apoye el periodismo independiente en Gente de Hoy https://www.gentedehoy.com/donacion/
