Crónicas Humanas
¡El que se puede caer es usted!
Eleazar López Contreras, último general de tres soles, asumió el poder en 1935 y lideró la compleja transición política que sentó las bases de la democracia en Venezuela.
El último general de tres soles
Por: Rafael Simón Jiménez. – Eleazar López Contreras fue el último general de tres soles que tuvo Venezuela en el siglo XX, cuando esta máxima distinción militar se ganaba en los vivaques de la guerra y no con zalamerías ni adulancias cortesanas.
Su carrera militar fue improvisada en sus inicios, pues el joven José Eleazar, un bisoño bachiller egresado del colegio del padre Jáuregui, en La Grita, esperaba en mayo de 1899 para ingresar a cursar estudios de Medicina en la Universidad de los Andes. Sin embargo, una variopinta banda de facciosos, encabezada por Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, logró, al pasar por su pueblo, despertar en él una insospechada pasión por las armas.
De estudiante a coronel
Con apenas 18 años, al triunfar aquella aventura que se levantó bajo el pomposo nombre de Revolución Liberal Restauradora, y que logró liquidar el cuarteado gobierno de Ignacio Andrade, Eleazar López Contreras gana rápidamente los galones de coronel y es nombrado edecán del nuevo presidente, Cipriano Castro.
Entre 1901 y 1935, el novel coronel tuvo que desarrollar toda su versatilidad y capacidad de acomodo para subsistir en las pugnas que se desarrollaban en el interior del nuevo poder andino, donde López Contreras supo cubrir las apariencias y “pasar agachado”.
Sobrevivir al poder andino
Así logró sobrevivir a los innumerables vaivenes producidos durante la larga hegemonía de los hombres de la serranía: la conjura y la aclamación durante el castrismo y, más tarde, cuando el general Juan Vicente Gómez asalta el poder, burló la acusación de “castrista”. Posteriormente rechazó involucrarse en la pugna familiar que se desarrolló en el entorno del dictador entre los “juanchistas” —partidarios de Juancho Gómez, hermano del jefe del clan— y los “vicentistas”, alineados con las aspiraciones del hijo mayor del dictador.
Poco a poco, y a medida que Gómez extendía y consolidaba su gobierno, comenzó a posar su mirada sobre el coronel López Contreras, quien además se dedicaba al estudio de textos históricos y militares, y se atrevió a escribir una sencilla semblanza de las dotes castrenses que, a su juicio, adornaban al “jefe de la causa”.
Honestidad y ascenso
Pero el coronel López también superó la prueba de la honestidad. Enviado en misión de estudio y adquisición de equipos militares a Europa, a su regreso reintegró los gastos sobrantes de la gira y se negó a recibir las comisiones que tradicionalmente se otorgaban en este tipo de negociaciones. Al enterarse, Gómez exclamó, entre zamarro y desconcertado:
—¡Qué raro este coronel, al que le gustan los libros, pero no los reales!
Así, con labor de filigrana, López fue conquistando el afecto y el favor del dictador, quien en 1927 lo ascendió a general de brigada y le otorgó la comandancia de la guarnición de Caracas.
La Semana del Estudiante y la sombra de la sospecha
En Caracas lo sorprendieron los sucesos de la Semana del Estudiante, en febrero de 1928, de la cual irrumpió una nueva generación libertaria que, pocos días después, se involucró —junto a los capitanes Alvarado y Barrios— en un golpe de Estado para derrocar la prolongada dictadura.
Entre los cuadros militares comprometidos se encontraba nada más y nada menos que el alférez Eleazar López Wollman, hijo del mismísimo jefe de las fuerzas militares de la capital.
Aunque el ya general López Contreras no dudó un solo momento en cumplir con sus deberes militares y, con valor y sangre fría, se presentó en el cuartel San Carlos —epicentro de la conspiración de militares y estudiantes— desbaratando y poniendo en fuga a los conjurados, la presencia de su hijo creó reservas y resquemores en Gómez, quien decidió enviarlo a la lejana plaza de San Cristóbal.
El heredero del poder
Para 1930, el general ya se había ganado nuevamente el favor del longevo dictador, quien lo hizo regresar para organizar la parada militar en el Campo de Carabobo con motivo del centenario de la batalla que selló la independencia de Venezuela. Luego lo premió nombrándolo ministro de Guerra y Marina, posición que lo colocaba como heredero lógico del poder.
“El que se puede caer es usted”
Aficionado como era el general Gómez a las carreras de caballos —donde además poseía una importante cuadra con los mejores equinos del país—, concurrió en una de sus últimas apariciones públicas en Caracas al hipódromo de El Paraíso, acompañado inseparablemente a su diestra por su ministro militar.
Viejo y disminuido en sus facultades físicas, el dictador, al bajar las escaleras del palco presidencial, trastabilló al pisar en falso un escalón. El general López acudió de inmediato en su auxilio y, tomándolo del brazo para ayudarlo a recobrar el equilibrio, le advirtió:
—¡Cuidado, mi general, que se puede caer!
A lo que Gómez, con mirada de águila y una respuesta cáustica e insinuante, contestó:
—¡El que se puede caer es usted!
La frase no pasó desapercibida para el futuro general de tres soles.
La transición histórica
Sin embargo, no hubo caída para López Contreras. El 17 de diciembre de 1935 heredó el poder de Juan Vicente Gómez, a cuyo cadáver besó en la frente mientras exclamaba:
—¡Fue para mí como un padre!
Luego salió de allí, antes de que se enfriara el amortajado, para encabezar una de las transiciones más difíciles de la historia venezolana, sentando las bases de la democracia y la libertad en Venezuela.
Por: Rafael Simón Jiménez (@rafaelsimonjimenezmelean)
Intelectual, historiador y político venezolano
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