EN POSITIVO
Migración juvenil, del título universitario a la resiliencia en trabajos precarios
Jóvenes latinoamericanos con formación profesional enfrentan dificultades laborales en países de acogida. Su experiencia revela desafíos de integración y aprendizajes de resiliencia.
Especial. – Latinoamericanos jóvenes que emigran en busca de oportunidades se enfrentan a realidades laborales muy distintas a sus expectativas iniciales. Muchos profesionales, incluidos abogados y periodistas, terminan en empleos informales con salarios bajos.
En países como España, las estadísticas de 2025 muestran que venezolanos y colombianos lideran las nuevas afiliaciones a la seguridad social, movidos por la crisis en sus lugares de origen y la búsqueda de estabilidad económica.
A pesar de su formación académica, numerosos migrantes ven sus títulos sin reconocimiento y se resignan a trabajos como call center, delivery o servicios informales. En América Latina, alrededor del 82% de venezolanos trabajan en la informalidad, con barreras para validar credenciales y acceder al empleo formal.
Expertos en migración señalan que estos trabajos no reflejan las capacidades ni el potencial productivo de esta población. En Colombia y Perú, por ejemplo, menos del 10% de profesionales venezolanos logra emplearse en su campo de estudio.
Los testimonios de migrantes coinciden en la sensación de contradicción entre la preparación profesional y las condiciones laborales encontradas. Muchos describen jornadas largas, salarios ajustados y una lucha constante por la supervivencia cotidiana.
Aun así, hay historias que resaltan la resiliencia y la creatividad. Jóvenes han emprendido negocios, lideran proyectos comunitarios o impulsan iniciativas propias para abrirse camino más allá de la precariedad inicial.
“El primer empleo no define mi carrera”, dice una migrante venezolana que, tras trabajar en varias ocupaciones, ahora estudia paralelamente para revalidar su título universitario y aspirar a oportunidades más acordes con su formación.
El panorama regional muestra, además, que la migración no solo es un desafío personal sino una oportunidad económica significativa. La OIM destaca que la migración venezolana ha aportado más de 10.600 millones de dólares anuales a economías latinoamericanas, dinamizando sectores clave como comercio y servicios.
Aunque la integración laboral plena aún presenta obstáculos, las experiencias acumuladas enseñan lecciones valiosas. Aprender nuevas habilidades, adaptarse a entornos cambiantes y construir redes comunitarias son herramientas que fortalecen el capital humano de los migrantes.
Estas lecciones pueden servir como reflexión para las sociedades de origen. Valorar las conexiones familiares, las oportunidades educativas locales y la comunidad no impide buscar horizontes nuevos, pero sí aporta una perspectiva más profunda sobre el precio humano de la movilidad.
Vía Gente de Hoy
✍️ Héctor Manuel Gálviz @mr_hoficial
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