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Opinión

Los bonos compensatorios

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Los bonos compensatorios

Por: Elsa Pierre Sánchez. – Las personas que fuimos jubiladas por la Administración Pública durante la Cuarta República gozábamos de un buen status porque recibíamos un pago mensual que si era digno y que nos permitía sufragar todas nuestras necesidades. Estábamos cubiertos por un Seguro H.C.M. (hospitalización, cirugía y maternidad), que incluía tratamientos médicos en todas las especialidades, con medicinas y en muchos casos hasta odontología. Con respecto a la salud no teníamos ninguna clase de problemas porque el Seguro cubría todos los gastos. El Seguro lo renovaban anualmente y se lo asignaban a la empresa que mayores beneficios ofrecía.

Contábamos con unos sindicalistas que velaban porque los empleados, tanto activos como jubilados, estuviésemos bien amparados por las cláusulas del Contrato Colectivo que se firmaba. Estos contratos se revisaban periódicamente, para actualizarlos de acuerdo al incremento, por inflación, de la cesta básica. Para quienes no tenemos bienes de fortuna esto era muy importante por lo que estábamos atentos a los logros que hubiera alcanzado el sindicato.

En mi caso, por ejemplo, que es la Cancillería, teníamos una Caja de Previsión Social a la cual podíamos seguir perteneciendo los jubilados sí así lo deseábamos. Otorgaba préstamos hipotecarios para adquisición de viviendas, vehículos o cualquier otro bien material. Mi primer apartamento lo compre por este medio en los años 70s y también pude adquirir vehículo cada vez que lo necesité.

Nuestra Caja de Previsión es propietaria de un Economato, una Farmacia y una Agencia de Viajes. Era una institución muy sólida, próspera y muy bien administrada por las Juntas Directivas constituídas por los compañeros empleados que nosotros mismos elegíamos. Se organizaban planes vacacionales para el solaz de sus afiliados y concedía préstamos personales con este fin o para cualquier eventualidad que lo justificara. Con el aguinaldo de seis meses que recibíamos para navidad cancelàbamos nuestras deudas! Pero todo eso se acabó. Como dice la canción, “ese barbarazo acabó con to”!

No se sabe que pasó con nuestros ahorros, ni que dividendos rinden estas propiedades. Anteriormente las utilidades que se percibían nos las repartían a final de cada año.

Hoy en día no se escucha a ningún sindicato levantar la voz. Los hombres y mujeres contemporáneos conmigo, ochentones, no tenemos la energía, ni física, ni mental para salir a la calle a protestar. La tal inversión social que tanto pregona el gobierno sólo beneficia a ellos mismos. No hay quien se queje por el descalabro en todos los sentidos, ni se exigen las reivindicaciones que nos merecemos ahora que ya no estamos en edad de continuar trabajando.

El monto de siete bolívares mensuales con que nos arreglan, es para morirse de hambre y ni se diga de las bolsas Clap, que dan lástima por la calidad de los productos que nos venden.

En un país como el nuestro, donde los profesionales que salían de nuestras universidades eran paradigmas en el mundo entero, hemos llegado a la mediocridad, con gente conformista que no se preocupa por superarse, tal vez porque no tienen el estímulo necesario, no están motivados. Saben que no van a ser bien remunerados en la empresa privada o en la administración pública debido a lo escaso del salario mínimo. No se esfuerzan por alcanzar una meta que les pueda proporcionar una vida mejor. Por supuesto que con algunas excepciones!!

Antes de llegar el Socialismo del Siglo XXl, Venezuela era un país en vías de desarrollo, pujante, en constante actividad para salir del subdesarrollo, pero ahora somos un país en bancarrota. Prevalecen dos clases sociales: Los que les sobra de todo y los que estamos a la espera de recibir alguna ayuda, que somos la mayoría! La clase media está tratando de sobrevivir. Los jubilados éramos una clase que ocupabábamos un lugar en la sociedad, no éramos una carga para nuestros familiares como lo somos hoy en día.

Los jóvenes que me leen tienen que saber que la vida les ofrece un mundo maravilloso, que hay un abanico de posibilidades y existen oportunidades para poder realizar sus sueños. El momento actual no lo permite, no reúne las condiciones para el progreso porque el sistema sólo busca que seamos iguales hacia el escalón más bajo, mientras las cúpulas engordan sus cuentas bancarias a costa de nuestro sacrificio.

La democracia es diferente. No te encasilla. Todo lo contrario, tienes libertad de pensamiento, tal como Dios nos creó, con nuestro propio libre albedrío, que nos obliga a discernir entre lo que te conviene y el camino que no debes seguir.

Luchen, no se deben conformar con los miserables bonos compensatorios que regala y de que tanto se ufana el gobierno. No se dejen amilanar por las circunstancias, porque en ustedes los jóvenes, tenemos nosotros, las personas de la tercera edad, cifradas nuestras esperanzas!

Por: Elsa Pierre Sánchez
Correo: elsapierre@gmail.com

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