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Opinión

Obstruir financiamiento del FMI es inhumano y miserable

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Para superar la pandemia del Covid – 19 requerimos de la voluntad de todos los venezolanos

Por: Johel Orta Moros.- La humanidad entera vive tiempos difíciles, insospechados y nunca antes vistos. Las naciones y su respectiva población han sido sorprendidas con el crecimiento exponencial del coronavirus, decretado como pandemia global por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 11 de marzo.

Aunque el brote del Covid-19 comenzó a finales del año pasado en Wuhan, capital de la provincia Hubei en China central, el aumento vertiginoso de los contagiados, el colapso de los centros asistenciales de salud y el incremento de los fallecidos se han extendido de manera alarmante a nivel mundial desde que arrancó 2020.

Los venezolanos estamos en cuarentena desde el lunes 16 de marzo, medida preventiva que tomó el gobierno nacional para cortar la cadena de transmisión de esta modalidad del coronavirus, luego de confirmarse la existencia de los primeros casos de la enfermedad.

Para nadie es un secreto la deficitaria situación de nuestros hospitales públicos y de toda la red sanitaria. Un escenario que nos hace particularmente vulnerables a esta pandemia y que obligó al jefe de Estado a solicitarle un préstamo de 5 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI) para enfrentar los embates de la pandemia.

La actuación del Ejecutivo desató de inmediato una aguerrida polémica entre los detractores del presidente Nicolás Maduro. Y dada la gravedad en materia de salud que azota a nuestra nación, mucho antes de la llegada del coronavirus, el momento era oportuno para que el diputado a la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, convocara a los países que lo reconocen como “presidente interino” y a la comunidad internacional para ayudar económicamente a Venezuela, en medio de la emergencia creciente que ocasiona la propagación del virus.

Un sector político no disimuló su goce y complacencia por la respuesta negativa del FMI ante la solicitud crediticia, justificándola nada más con la ligereza que encierra el conocido dicho “la lengua es el castigo del cuerpo”, debido a la posición errada o radical que ha tenido el jefe de Estado y los voceros del PSUV con respecto a este organismo acreedor.

Sin embargo, la emergencia e incertidumbre que se ciernen sobre la nación venezolana demandan medidas, decisiones y esfuerzos mancomunados para proteger la salud de la población, como el levantamiento de las sanciones económicas que tanto daño siguen provocando.

Las críticas ante la posición asumida por el diputado Guaidó, así como parte de la oposición radical, hizo que este sector político recapacitara y reconociera la necesidad de acudir al FMI y el ingreso de la ayuda humanitaria al país para atender del coronavirus.

No tiene ningún sentido, además de rayar en lo inhumano y miserable, oponerse y torpedear las gestiones crediticias ante el FMI. El Covid-19 es una patología que no distingue sexo, raza, religión o credo político. La pandemia exige unión nacional, por lo que deben deponerse las actitudes personalistas para lograr la reconciliación entre todos nosotros y disminuir el impacto de la eclosión infecciosa.

El hecho de que el gobierno haya solicitado un crédito al Fondo Monetario Internacional implica que está asumiendo su equivocación en materia de política económica.

Si el poder ejecutivo venezolano entendió que estaba en un error, es lógico que el FMI acepte que también lo está. No es posible que se escuden con el argumento de que 60 países no reconocen al presidente Nicolás Maduro.

De forma responsable, solicito al organismo internacional que someta a votación la solicitud del gobierno venezolano porque la pandemia no diferenciará entre chavistas, antichavistas, maduristas o antimaduristas. Asimismo, le pedimos al presidente Maduro y al diputado Guaidó que aparten su conflictiva política y concreten acuerdos en beneficio de los venezolanos.

En circunstancias verdaderamente críticas, la partida de ajedrez tomó nuevos ribetes. Al mover sus piezas, Maduro puso en jaque al FMI. Este organismo, al encontrarse con la inesperada jugada de Venezuela, sólo atinó a señalar de manera muy torpe que desconoce quién representa al gobierno, exponiéndose así ante el resto del mundo, como un ente poco confiable que vulnera la soberanía de los Estados y que, al resistirse a perder espacios, ocasiona severos problemas.

El Fondo Monetario Internacional, administrado por 189 países, se fundó con la finalidad de promover la estabilidad financiera, la cooperación monetaria entre sus socios, el fomento del empleo y del crecimiento económico sostenible, así como de contribuir con la reducción de la pobreza en el mundo.

Al negarle este financiamiento a Venezuela, queda en evidencia la advertencia realizada por el primer ministro de Serbia, al señalar que los recursos del FMI aplican únicamente para el G-7, compuesto por Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña, Japón, Canadá, Francia y Alemania.

Se demuestra por tanto que el FMI desconoce no sólo a Venezuela sino a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ente que nombra comisiones permanentes en nuestro país como la de Derechos Humanos, por ejemplo.

Maduro no podrá seguir siendo cuestionado por no acudir al FMI, cuando personajes como Lorenzo Mendoza o Ricardo Hausmann ya han asomado la posibilidad de acudir a esta instancia internacional y solicitar un crédito por 70 mil millones de dólares.

Si algo caracteriza a una persona soberbia es la incapacidad de admitir que ha actuado de manera errada, por creer que siempre tiene la razón. Este rasgo es atribuible de la misma manera a un gobierno o liderazgo político, independientemente de la ideología que profese.

El soberbio requiere de mucha valentía y sobre todo humildad, para pedir perdón. Una pandemia pone en peligro a toda una población y es motivo, más que suficiente, para despojarse totalmente de los intereses y ambiciones personalistas y del deseo de tomar algún tipo de retaliación.

La temprana atención a la pandemia por parte del ejecutivo nacional ha sido muy apropiada, porque hay plena consciencia de la crisis venezolana en torno a la salud.

El coronavirus exige medidas sanitarias y servicios básicos mientras llegan recursos adicionales. El Covid-19 no conoce de préstamos o créditos, requiere de condiciones higiénicas y de recursos bien sea en metálico o en insumos.

El virus no conoce de formas, es letal para la población, en especial para la venezolana, debido a las malas políticas públicas de las últimas décadas Lamentablemente el sistema de salud se encuentra en el suelo, la ciudadanía corre un alto riesgo porque no está bien alimentada, porque el agua no llega con regularidad a los hogares y porque tienen que salir a la calle a pesar de la cuarentena, para rebuscarse con algo de dinero y adquirir alimentos.

Ante esta situación de pandemia mundial, el gobierno no podrá en solitario hacerle frente a sus efectos. Todos debemos involucrarnos y actuar en consecuencia. Es indispensable el nombramiento de una comisión especial internacional que intermedie en la asignación de recursos por parte del FMI a Venezuela. Si no contamos con los insumos y recursos necesarios a tiempo, estaremos a las puertas de una tragedia social.

Johel Orta Moros
@JohelOrtaM

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

Por: Nelson Chitty La Roche.– Un texto que debimos leer y releer en el curso de Doctorado en Ciencias, mención Ciencias Políticas que seguí en la Universidad Central de Venezuela, entre varios más por supuesto, fue el de Raymond Aron, titulado Democracia y totalitarismo y admito que me tocó profundamente. El examen de la experiencia soviética en su evolución y el contraste con lo que podemos llamar la democracia de occidente revelaba muchísimo del pasado y de la carga hereditaria del susodicho sobre el presente de la época. (más…)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte) Por Nelson Chitty La Roche -October 2, 2020 “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. Me ocurre que cuando pienso y lo hago después de haberlo vivido y no al revés, afirmación que no es una perogrullada ni mucho menos, en lo que ha sido el período del chavismo, vale decir, estas dos últimas décadas atrabiliarias y esquizoides que han cambiado a Venezuela, suelo pensar en los cursos del doctorado en Ciencias Políticas que a Dios gracias seguí en la Universidad Central de Venezuela y en los extraordinarios profesores que tuve y aproveché bastante, pero tal vez no lo suficiente porque sabían mucho y querían enseñarnos más de lo que yo pude aprender. A ellos todos les estoy agradecido. Debo sin embargo anotar que, si bien todos fueron muy buenos, hay algunos que regresan a mi memoria, como un latido intelectual, al abordar, repito, una meditación sobre aspectos de ese trajinar complejo que significó y aún significa el acaecer nuestro, como pueblo, como nación, desde 1998. Solo mencionaré y a los fines de este artículo, a los que dictaron materias relativas a la historia como fenómeno atinente al ser humano y su desenvolvimiento, su consideración, su análisis, derivaciones, interpretaciones en dos campos; Pensamiento e Ideas, Civilizaciones y Venezuela, historia crítica. Omar Noria, Luis Leáñez Sievert, Federico Welsh, Fernando Falcón Veloz, Ricardo Combellas, Raúl Cuevas Arrieta y Germán Carrera Damas son algunos y destaco que enuncio solamente porque no me es posible mencionarlos a todos, pero ellos y cada uno en su área trajeron el Episteme para mostrar además la indispensable pertinencia cuando de comprender y hacernos un criterio sobre la política y evocando a Aristóteles, como la ciencia por excelencia. Claro; las opiniones personales son eso, personales y no los comprometen a ellos. Las afirmaciones que haré de seguidas constituyen un punto de vista sobre asuntos que hemos tenido ocasión de valorar en la perspectiva científica, pero también existencial. Asumo entonces mi responsabilidad al respecto. La historia de Venezuela, nos enseñó el bachillerato, se verifica y así en todas partes por período que denominaban a menudo ciclos. Se trata de espacios temporales cuyas características son relativamente homogéneas. No se trata de ecuaciones matemáticas pero si, de parámetros susceptibles de ser anotados y distinguidos también. Alguno podría decir que la República de Venezuela se constituye entre 1800 y 1830. Luego conoce otros contiguos que muestran elementos predominantes hasta que sobreviene un hito o una serie de ellos que nos introduce o nos introdujo, en otro tiempo histórico forzando la expresión de Koselleck. 1864 y la Constitución Federal abrió un telón y otro acto en nuestra obra y luego, tal vez pueda y deba notarse, la llegada de los andinos al poder, para marcar otra pauta distinta y esa también de una especificidad común si puede decirse así y sucesivamente. Esto nos lo han instruido, repito, nuestros profesores de Historia de Venezuela documental y crítica, en buena hora por cierto y con eso en las alforjas trotamos por la espiral formativa e informativa en nuestro plan de educación. La ponderación de una serie de aspectos de diferente contenido incide, no obstante, en la apreciación de esas etapas que traen de suyos cambios, reformas, advenimientos culturales, políticos, económicos, sociales y colocan a la enseñanza y a la universidad especialmente en una dinámica de interpretación, aprendizaje y adecuación racional que no solo significa observación, análisis de temáticas e inspiración para continuar o iniciar, atosigarse las incertidumbres que se postulan invariablemente en cada uno de los saltos a los que hacemos referencia. Germán Carrera Damas nos pone a pensar, dudar, escudriñar, meditar para sincronizar la “ruptura o la continuidad” como conceptos, que postulan otra perspectiva, sensibilizando en el examen de un elenco de variables que servirán de instrumentos para comprender primero que nada. El maestro nos traslada a un complejo constructo con dos referentes; la idea de la república liberal democrática y en el otro extremo y como una suerte de derivación monárquica, la república liberal autocrática. Ese movimiento entre ideas y contrastes nos aclara mucho más lo que hemos sido y somos, y por qué así fue. En el esfuerzo se pone a prueba la relación entre independencia y libertad que es objeto de una peligrosa contaminación o tergiversación para legitimar la prevalencia del modelo republicano liberal autocrático que el historiador sitúa entre 1830 y 1945 y caracterizado ciertamente por un ejercicio oligárquico de los hombres de armas y la disposición orgánica de una república con un visible sesgo desciudadanizado. La tentación es grande por reproducir un múltiple catálogo de interesantísimos análisis e interpretaciones sobre ese proceso que se cumple en esa búsqueda y en las circunstancias que el camino ofreció como desenlaces vacíos o etapas que aparecen por ellas solas, plenas de significados pero no puede ensayarse sino apenas esbozarse. El gobierno de Medina es un episodio que sirve para evidenciar mis afirmaciones por cuanto, sigue generando, para recordar una fase de lo que llamará el desmontaje del Estado gomecista de que habló Alberto Adriani, aun en el tiempo actual, dictámenes encontrados y basta leer la secuencia, por este mismo medio publicada y de amena y pertinente autoría de Corina Yoris Villasana, que resalta aspectos cruciales para detenernos y volver a leer y a repensar los juicios que nos hacemos. El maestro Carrera en el aula de clases problematizaba socráticamente las consumaciones que teníamos sobre nuestro devenir y nos inducia así a separar las partes para entender las señales, los signos que antes desestimábamos. Trabajar con la noción de continuidad y ruptura ya era una ocasión para descubrir y hallar en un recorrido que por el corto tiempo no nos impedía y no nos impide contemporáneamente advertir elementos, que de suyo llamaremos, y valga el lugar común, la clave de bóveda. No nos atrevemos a más en esta serie sino a evocar algunos capítulos de esa literatura y enjundiosa propedéutica que nos brindó el maestro por respeto a él y a sus escritos que lo recogen fielmente, pero mencionaré brevemente aquel sobre la consciencia histórica y la consciencia política. En efecto, tomar consciencia e histórica además es un asunto ciudadano; cabe decir, un peldaño clásico a la hora de asumir la pertenencia al cuerpo político y la militancia en el susodicho. Aprehender el sujeto y la secuencia de nuestro curso existencia exige hacerlo con respecto a nuestra genealogía de pensamiento y acción y, así las cosas, asumir lo que somos desde lo que hemos sido aunque ello suponga sin embargo, una constante de movimientos que incluyan la relativísima novedad que encierran las épocas y sus impresiones consecutivas. La consciencia política es más reciente, más próxima, más emocional. Nos lleva de un circuito de la ponderación conceptual, de un estadio como nos dice el maestro, pasando por la consciencia nacional y social para encontrarnos de frente con lo que somos y fuimos y en medio de la coyuntura y su influencia en el “homo verus.” Y entonces nos percatamos de otros considerandos que en la radiación histórica nos alcanzan más allá, de la natural abstracción de ideas concomitantes que debemos masajear, por decir lo menos, para notar y apreciar la carga fenomenológica que contrae a detenernos y distinguir y/o decantar como trascendentales. De allí que me permitiré segmentar, en partes, mis comentarios, cuya naturaleza obliga a hacerlo, convocando institutos y favoreciéndonos del saber histórico, el sentido histórico y la conciencia histórica como eslabones de una cadena racional y aplicarlo a una modesta y sencilla procura de claridad para anclar y medir, contar y pesar lo que nos pasa y, reducir en alguna medida el extenso campo de nuestra gravosa incertidumbre. Nociones como república, soberanía, ciudadanía, responsabilidad y decadencia nos lucen para ello indispensables y con ellas trabajaremos la experiencia reciente que compartimos y expiamos, acoto, como nación desde la semana próxima, Dios mediante. nchittylaroche@hotmail.com @nchittylaroche La llegada de la república liberal democrática y su auténtico ejercicio lo podemos ubicar en ese lapso de cuatro décadas que transcurrió desde 1958 hasta 1998. La democracia muere cuando hay censura. 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Por: Nelson Chitty La Roche.- “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. (más…)

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De Venezuela y otras crisis

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De Venezuela y otras crisis

“Las crisis surgen cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación“. Jürgen Habermas (más…)

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