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Códigos de amor

Para ti mi Ángel, mi amor de siempre…

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Para ti mi Ángel, mi amor de siempre…

Autor: Edicta Gómez Merchán.- Hoy, como todos los días mi primer pensamiento es para ti, como ha sido durante los años que han transcurrido desde que compartíamos aulas de clases y éramos unos jovencitos que, a muy corta edad, nos atrevimos a separarnos del hogar y viajar a tierras desconocidas, para refugiarnos en una institución de tipo internado, que albergaba adolescentes de diferentes regiones del país, con el único fin de estudiar y lograr crecer profesionalmente.

Así que, nacida en un valle de Los Andes merideños, recién egresada de un colegio católico, con la inocencia propia de una niña pueblerina, te conocí, y desde ese mismo momento me cautivaste con tu sonrisa, tu mirada penetrante que irradiaba amor y un tono de voz cautivante, características que aún conservas, y que me permitieron soñar y enamorarme de ese joven originario de un pueblo enclavado en las montañas andinas, protegido por el Santo Cristo. Éstas, entre otras cualidades han permanecido presentes a través de largos años, años que para mí no transcurren, regresan a mí mente en forma recurrente.

Nos separamos y tomamos caminos con diferente destino, sin embargo, los obstáculos, pesares, sinsabores no han mermado los deseos inmensos de estar a tu lado, verte; pues sueño un día sentirme protegida: que tomes mis manos entre las tuyas, tu calor me dará energía y mi corazón rebozará de alegría.

Te amo, pues solo el saber que existes me llena el alma. Mi vida se viste de colores cuando pienso en ti. Nos hemos besado pocas veces, como único testigo, de tremenda travesura, la naturaleza, protegidos por la sombra de árboles frondosos, producto de una tierra fértil y cálida, y un cielo cubierto de nubes, cómplices de nuestras manifestaciones amorosas; y lo haces tan bien que de solo pensar en esos momentos me lleno de gloria.

Mi corazón es un santuario y en él vives. Tu imagen se refleja en cada rayo de luz que atraviesa el firmamento y en situaciones incómodas o difíciles acudo a tu memoria y te conviertes en mi salud espiritual; si son de soledad evoco tu rostro, me siento acompañada y me da fuerzas.

También hemos bailado; lo haces muy bien. El vaivén de los acordes musicales me permitió entregarme y sentirte. Lo disfruté y deseo repetirlo. Quiero sentir frío y que me cobijes, que me abraces fuerte a la luz tenue de la luna, que las estrellas sonrían brindándonos destellos de luz e iluminen nuestros corazones.

En mis noches de insomnio construyo palacios. Tú el rey, yo tu reina. Nos amamos. Vives en mí.

Autor: Edicta Gómez Merchán
Profesora en Ciencias Sociales a Nivel Medio y Universitario. Especialista en Educación Preescolar. Licenciada en Comunicación Social. Poeta perspicaz y profundamente apasionada.
egomezm5533@hotmail.com / gmail.com
Twitter y Facebook: egomezm5533
Instagram: Edicta Gómez Merchán

Edición, musicalización y montaje: Antonio Abrantes
azul1531@gmail.com

Tema musical: Linda merideña
Autor: Pedro José Castellanos
Interprete: Orquesta Sinfónica de Venezuela

Fotos: Héctor Manuel Gálviz Oropeza
hectorgalviz1@hotmail.com

Narración: Daxy Oropeza
daxyoropeza@gmail.com

Propiedad intelectual:
codigosdeamor707@gmail.com

Gente de Hoy presenta contenidos en política, economía, opinión, farándula, turismo, entretenimiento, hoteles, educación, mundo gastronómico, deportes y temas de investigación de relevancia en Estados Unidos, América Latina y el mundo.

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Tu Desprecio

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Tu Desprecio

Autor: Alfredo Dávila*

Tu desprecio derribó
Las murallas de mi amor
Y acabó con mi dolor
Lo que un día naufragó

Fueron muchos mis pesares
Fueron muchos mis lamentos
Fueron tanto tus desprecios
Que mataste para siempre
Mis más bellos sentimientos

Lo que un día fue mi sueño
Hoy en día lo aborrezco
El dolor y el sufrimiento
Yacen sólo en mi recuerdo

Cualquier sentimiento de aprecio
Pudo haber sobrevivido
Si no hubiera combatido
El amor con el desprecio

Y el haber yo naufragado
En el desprecio de tu amor
Me causó tanto dolor
Que me diste el valor
De apartarte de mi mente
Y olvidarme para siempre
De tu amor que fue mi amor.

Autor: Alfredo Dávila*
Correo: alfredodavilal@gmail.com

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La vida en tres teclas: Play, pause, stop…

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La vida en tres teclas: Play, pause, stop…

Por: Edicta Gómez Merchán*.- La vida no consiste en tener todo lo que se desea, hay que luchar para conseguirlo ¡epa! pero no salga corriendo, cada tarea necesaria requiere de un esfuerzo, de una voluntad y con cada acto algo de nosotros crece y se fortifica, pero no aprisa. Lo importante no son los grandes momentos, sino las victorias parciales. Los estancamientos, las esperas e incluso las derrotas, son las que hacen al ser humano grande. En definitiva, trabajar de forma continua durante muchas horas no es natural. Ni el cuerpo ni la mente funcionan de esa manera. Debes establecer ciclos más cortos que se adapten a tu propio ritmo de vida. Así mismo, eres tú quien debe decidir la duración de cada ciclo y cada descanso, de tal manera que esto nos ayudará a ser más productivos y a mejorar nuestra calidad de vida. Recuerde que trabajamos para vivir no vivir para trabajar. (más…)

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Desde mi ventana

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Desde mi ventana

Autor: Nayib Otayek*.-
Qué pasa, que hay lluvia en mi ventana,
si el sol brilla en el jardín del frente,
la gente anda fresca y lozana
y en mí arde un fuego inclemente.

Qué pasa que celebran en todas partes
sin yo saber, de la fiesta el motivo.
Será por no querer nunca dejarte
y hundirme en el sueño en el cual vivo
y pedirle a mis ojos, olvidar el mirarte
y a mi mente, recordar un no, definitivo.

Encuentro en ellos un rotundo rechazo
mi mano, anhela acariciar tu brazo
y mis brazos, rodear tu delgada cintura,
tratando de reproducir con torpes pincelazos
los detalles de tu cuerpo, sin saber de pintura.

Dicen que en el mundo todo se olvida
y el tiempo se encarga de borrar lo pasado
y pierde importancia la promesa incumplida,
flor seca, entre hojas de un libro guardado.

Tal vez sea cierto, pero cuando toco mi pecho,
siento sangre en la punta de mis dedos
y en la oscuridad, acostado en mi lecho,
recuerdo que aún está fresca la herida.

Nayib Otayek*
Abogado, Teólogo y enamoradizo

nagibotayek@yahoo.es

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