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Opinión

La estafa sobre el “brexit” a los británicos antes de Navidad

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La estafa sobre el "brexit" a los británicos antes de Navidad

El representante de los conservadores, Boris Johnson, probablemente ganará las elecciones del Reino Unido, a pesar de que a la mayoría de los británicos les cae mal. Eso es triste, opina Birgit Maaß.

“¿Cómo puede ser que Boris Johnson gane probablemente las elecciones?”, me preguntan una y otra vez. Un hombre al que sus críticos definen como un “mini-Trump” y sus antiguos amigos de partido como “charlatán”. Un primer ministro que simplemente envía al Parlamento de vacaciones obligatorias porque no le gusta que los diputados rechacen su política del “brexit”; que describe a sus oponentes políticos como “saboteadores” y “cobardes”. ¿Justamente los británicos, por lo demás pragmáticos y amistosos, lo confirmarán en el cargo?

Es tan decepcionante que Johnson sea la primera opción para los votantes. Pero eso no tiene que ver con que sea brillante, o popular (su puntuación en las encuestas es negativa), sino más bien porque los británicos están desgastados por el eterno ir y venir del “brexit”. Los peores resultados de las encuestas son los de su oponente Jeremy Corbyn, del Partido Laborista, retratado por la prensa británica, predominantemente antieuropea, como amigo del marxismo y terrorismo de la década de los 70.

El mal menor

Comparado con Corbyn, Johnson parece ser el menor de los males. Muchos votantes echan a todos los políticos al mismo saco, no entienden por qué el “brexit” se ha demorado tanto en ser implementado. El mensaje sencillo de Johnson “Let’s get Brexit Done”, llega en el momento justo. Finalmente se terminarán las negociaciones en el Parlamento, no habrá más discusiones familiares entre los amigos de la UE y los patriotas pro “brexit”. Por fin se termina este lío, piensan muchos. Su programa del “brexit” está “cocinado”, lo que suena seductor y tiene resabios de fiesta navideña.

Las promesas de Johnson son tan erróneas como pegadizas. Él promete que para finales del año que viene Gran Bretaña estará fuera de la Unión Europea. Después se crearía también un acuerdo de libre comercio, por lo que se garantizaría que Gran Bretaña no quedara fuera del bloque y en caída libre. Los expertos señalan que tales acuerdos normalmente solo se producen después de años de duras negociaciones. Que la única manera de conseguir que se apruebe tan rápidamente es apegarse a las normas de la UE existentes y no transitar otros caminos. Sin embargo, dado que el Gobierno conservador también quiere concluir un acuerdo de libre comercio de gran alcance con los EE. UU. lo antes posible, en el que se apliquen normas completamente diferentes, es difícil que se pueda llegar a un acuerdo al respecto.

Pero mostrar contradicciones, dejar en claro a los votantes que la decisión del “brexit” también tendrá consecuencias negativas, no es asunto de Johnson. Al igual que el Flautista de Hamelín, adormece a muchos votantes diciéndoles mentiras durante su campaña. Durante su desempeño como corresponsal de la UE en Bruselas, en los años 90, inventó un nuevo género: burlarse de la UE sacando de contexto los oscuros reglamentos de la Comunidad Europea y presentándolos como ridículos, para que los lectores británicos se divirtieran con los burócratas de Bruselas, que son cómicos, ineficientes y prepotentes. Y Johnson sigue siendo fiel a este género hasta el día de hoy.

Mentiras tras mentiras

Y esto sigue y sigue. Una retirada de la UE liberaría dinero para el débil sistema sanitario británico, según la campaña previa al referéndum. Y Johnson sigue evocando un futuro prometedor fuera de la UE cuando incluso los estudios gubernamentales dicen que la economía se reducirá drásticamente, especialmente si no se materializa un acuerdo de libre comercio.

Una y otra vez se le pregunta a Boris Johnson en esta campaña electoral si se puede confiar en él. Los votantes parecen saber que no pueden hacerlo, aunque probablemente votarán por él, de todos modos. Como ningún otro político británico, él tiene la culpa, con sus persistentes mentiras, de que la confianza británica en la clase política se esté acercando a cero. Si se descubre su mentira más reciente, es decir, que puede implementar el “brexit” sin dolor y en un abrir y cerrar de ojos, entonces muchos británicos probablemente pierdan todo respeto por sus políticos.

(ju/cp)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

Por: Nelson Chitty La Roche.– Un texto que debimos leer y releer en el curso de Doctorado en Ciencias, mención Ciencias Políticas que seguí en la Universidad Central de Venezuela, entre varios más por supuesto, fue el de Raymond Aron, titulado Democracia y totalitarismo y admito que me tocó profundamente. El examen de la experiencia soviética en su evolución y el contraste con lo que podemos llamar la democracia de occidente revelaba muchísimo del pasado y de la carga hereditaria del susodicho sobre el presente de la época. (más…)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte) Por Nelson Chitty La Roche -October 2, 2020 “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. Me ocurre que cuando pienso y lo hago después de haberlo vivido y no al revés, afirmación que no es una perogrullada ni mucho menos, en lo que ha sido el período del chavismo, vale decir, estas dos últimas décadas atrabiliarias y esquizoides que han cambiado a Venezuela, suelo pensar en los cursos del doctorado en Ciencias Políticas que a Dios gracias seguí en la Universidad Central de Venezuela y en los extraordinarios profesores que tuve y aproveché bastante, pero tal vez no lo suficiente porque sabían mucho y querían enseñarnos más de lo que yo pude aprender. A ellos todos les estoy agradecido. Debo sin embargo anotar que, si bien todos fueron muy buenos, hay algunos que regresan a mi memoria, como un latido intelectual, al abordar, repito, una meditación sobre aspectos de ese trajinar complejo que significó y aún significa el acaecer nuestro, como pueblo, como nación, desde 1998. Solo mencionaré y a los fines de este artículo, a los que dictaron materias relativas a la historia como fenómeno atinente al ser humano y su desenvolvimiento, su consideración, su análisis, derivaciones, interpretaciones en dos campos; Pensamiento e Ideas, Civilizaciones y Venezuela, historia crítica. Omar Noria, Luis Leáñez Sievert, Federico Welsh, Fernando Falcón Veloz, Ricardo Combellas, Raúl Cuevas Arrieta y Germán Carrera Damas son algunos y destaco que enuncio solamente porque no me es posible mencionarlos a todos, pero ellos y cada uno en su área trajeron el Episteme para mostrar además la indispensable pertinencia cuando de comprender y hacernos un criterio sobre la política y evocando a Aristóteles, como la ciencia por excelencia. Claro; las opiniones personales son eso, personales y no los comprometen a ellos. Las afirmaciones que haré de seguidas constituyen un punto de vista sobre asuntos que hemos tenido ocasión de valorar en la perspectiva científica, pero también existencial. Asumo entonces mi responsabilidad al respecto. La historia de Venezuela, nos enseñó el bachillerato, se verifica y así en todas partes por período que denominaban a menudo ciclos. Se trata de espacios temporales cuyas características son relativamente homogéneas. No se trata de ecuaciones matemáticas pero si, de parámetros susceptibles de ser anotados y distinguidos también. Alguno podría decir que la República de Venezuela se constituye entre 1800 y 1830. Luego conoce otros contiguos que muestran elementos predominantes hasta que sobreviene un hito o una serie de ellos que nos introduce o nos introdujo, en otro tiempo histórico forzando la expresión de Koselleck. 1864 y la Constitución Federal abrió un telón y otro acto en nuestra obra y luego, tal vez pueda y deba notarse, la llegada de los andinos al poder, para marcar otra pauta distinta y esa también de una especificidad común si puede decirse así y sucesivamente. Esto nos lo han instruido, repito, nuestros profesores de Historia de Venezuela documental y crítica, en buena hora por cierto y con eso en las alforjas trotamos por la espiral formativa e informativa en nuestro plan de educación. La ponderación de una serie de aspectos de diferente contenido incide, no obstante, en la apreciación de esas etapas que traen de suyos cambios, reformas, advenimientos culturales, políticos, económicos, sociales y colocan a la enseñanza y a la universidad especialmente en una dinámica de interpretación, aprendizaje y adecuación racional que no solo significa observación, análisis de temáticas e inspiración para continuar o iniciar, atosigarse las incertidumbres que se postulan invariablemente en cada uno de los saltos a los que hacemos referencia. Germán Carrera Damas nos pone a pensar, dudar, escudriñar, meditar para sincronizar la “ruptura o la continuidad” como conceptos, que postulan otra perspectiva, sensibilizando en el examen de un elenco de variables que servirán de instrumentos para comprender primero que nada. El maestro nos traslada a un complejo constructo con dos referentes; la idea de la república liberal democrática y en el otro extremo y como una suerte de derivación monárquica, la república liberal autocrática. Ese movimiento entre ideas y contrastes nos aclara mucho más lo que hemos sido y somos, y por qué así fue. En el esfuerzo se pone a prueba la relación entre independencia y libertad que es objeto de una peligrosa contaminación o tergiversación para legitimar la prevalencia del modelo republicano liberal autocrático que el historiador sitúa entre 1830 y 1945 y caracterizado ciertamente por un ejercicio oligárquico de los hombres de armas y la disposición orgánica de una república con un visible sesgo desciudadanizado. La tentación es grande por reproducir un múltiple catálogo de interesantísimos análisis e interpretaciones sobre ese proceso que se cumple en esa búsqueda y en las circunstancias que el camino ofreció como desenlaces vacíos o etapas que aparecen por ellas solas, plenas de significados pero no puede ensayarse sino apenas esbozarse. El gobierno de Medina es un episodio que sirve para evidenciar mis afirmaciones por cuanto, sigue generando, para recordar una fase de lo que llamará el desmontaje del Estado gomecista de que habló Alberto Adriani, aun en el tiempo actual, dictámenes encontrados y basta leer la secuencia, por este mismo medio publicada y de amena y pertinente autoría de Corina Yoris Villasana, que resalta aspectos cruciales para detenernos y volver a leer y a repensar los juicios que nos hacemos. El maestro Carrera en el aula de clases problematizaba socráticamente las consumaciones que teníamos sobre nuestro devenir y nos inducia así a separar las partes para entender las señales, los signos que antes desestimábamos. Trabajar con la noción de continuidad y ruptura ya era una ocasión para descubrir y hallar en un recorrido que por el corto tiempo no nos impedía y no nos impide contemporáneamente advertir elementos, que de suyo llamaremos, y valga el lugar común, la clave de bóveda. No nos atrevemos a más en esta serie sino a evocar algunos capítulos de esa literatura y enjundiosa propedéutica que nos brindó el maestro por respeto a él y a sus escritos que lo recogen fielmente, pero mencionaré brevemente aquel sobre la consciencia histórica y la consciencia política. En efecto, tomar consciencia e histórica además es un asunto ciudadano; cabe decir, un peldaño clásico a la hora de asumir la pertenencia al cuerpo político y la militancia en el susodicho. Aprehender el sujeto y la secuencia de nuestro curso existencia exige hacerlo con respecto a nuestra genealogía de pensamiento y acción y, así las cosas, asumir lo que somos desde lo que hemos sido aunque ello suponga sin embargo, una constante de movimientos que incluyan la relativísima novedad que encierran las épocas y sus impresiones consecutivas. La consciencia política es más reciente, más próxima, más emocional. Nos lleva de un circuito de la ponderación conceptual, de un estadio como nos dice el maestro, pasando por la consciencia nacional y social para encontrarnos de frente con lo que somos y fuimos y en medio de la coyuntura y su influencia en el “homo verus.” Y entonces nos percatamos de otros considerandos que en la radiación histórica nos alcanzan más allá, de la natural abstracción de ideas concomitantes que debemos masajear, por decir lo menos, para notar y apreciar la carga fenomenológica que contrae a detenernos y distinguir y/o decantar como trascendentales. De allí que me permitiré segmentar, en partes, mis comentarios, cuya naturaleza obliga a hacerlo, convocando institutos y favoreciéndonos del saber histórico, el sentido histórico y la conciencia histórica como eslabones de una cadena racional y aplicarlo a una modesta y sencilla procura de claridad para anclar y medir, contar y pesar lo que nos pasa y, reducir en alguna medida el extenso campo de nuestra gravosa incertidumbre. Nociones como república, soberanía, ciudadanía, responsabilidad y decadencia nos lucen para ello indispensables y con ellas trabajaremos la experiencia reciente que compartimos y expiamos, acoto, como nación desde la semana próxima, Dios mediante. nchittylaroche@hotmail.com @nchittylaroche La llegada de la república liberal democrática y su auténtico ejercicio lo podemos ubicar en ese lapso de cuatro décadas que transcurrió desde 1958 hasta 1998. La democracia muere cuando hay censura. 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De Venezuela y otras crisis

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De Venezuela y otras crisis

“Las crisis surgen cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación“. Jürgen Habermas (más…)

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