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Johel Orta Moros: Sanciones económicas socavan calidad de vida del venezolano

Es inaceptable que ciertos sectores partidistas continúen promoviendo la injerencia extranjera al solicitar mayores bloqueos contra el país

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Sanciones económicas socavan calidad de vida del venezolano
Sanciones económicas socavan calidad de vida del venezolano

Joel Orta Moros @JohelOrtaM.- Si algo caracteriza al ejercicio de la política de alto nivel, es el reconocimiento del otro, independientemente de sus convicciones ideológicas. La tolerancia hacia ese adversario con iguales y legítimas pretensiones de alcanzar el poder a través del voto, garantiza a los ciudadanos de cualquier sociedad, una convivencia armónica, pacífica y, sobre todo, democrática.

Con base a esta premisa que se entrelaza con la aplicación del concepto de soberanía, donde el Estado cuenta con la autonomía y el derecho de ejercer su autoridad, tanto en lo interno como en lo externo, resulta inaceptable que ciertos sectores partidistas continúen promoviendo la injerencia extranjera al solicitar mayores sanciones económicas contra Venezuela y en el más irracional de los casos, aupar una intervención armada para ponerle punto final a la crisis actual.

El Estado no es sinónimo de gobierno. El Estado comprende el sistema político establecido en nuestro país, en el cual cohabitan las fuerzas armadas, los cuerpos policiales, los poderes públicos (legislativo, ejecutivo, judicial, moral y electoral); e integrado además por la sociedad civil, constituida por los partidos políticos, la iglesia, los sindicatos, las escuelas, la familia, la estructura económica, el aparato productivo y todas aquellas organizaciones e instituciones que envuelven la existencia cotidiana de la comunidad.

En regímenes democráticos, el Estado podría albergar a muchos períodos de gobierno, todos insertos en el poder ejecutivo, el cual está sujeto a un conjunto de leyes que, de ser transgredidas y violadas por parte de sus gobernantes, se convierte en ilegítimo.

Cualquier sector que forme parte del Estado tiene sus responsabilidades bien demarcadas para trazar el porvenir de la nación. El conflicto político que atraviesa Venezuela, agudizado por el resquebrajamiento económico y el auge de los antivalores, no puede ser el equivalente a un cheque en blanco, utilizado lastimosamente por individualidades o parcialidades que le dan luz verde a otros países para que nos castiguen con sus sanciones y sean seducidos, además, con la dantesca opción de abrir fuego.

Los venezolanos estamos en la obligación histórica de resolver nuestros propios asuntos. El diálogo, guste o no, es la vía más saludable, desde todo punto de vista, para materializar los acuerdos pacíficamente. Raya en lo infantil e irracional que un panorama político, económico y social tan delicado como el nuestro, que ha hundido la calidad de vida del venezolano durante dos décadas, pueda resolverse de la noche a la mañana. El diálogo implica un proceso, cuyos pasos deben darse con firmeza y cautela.

Aplaudimos cada avance que ha arrojado la Mesa de Diálogo Nacional en materia electoral y económica, donde todas las compuertas siguen abiertas para que participen y se involucren quienes que conformamos el Estado venezolano.

A pesar de las descalificaciones que buscan satanizar la figura del diálogo, estamos seguros que la balanza sigue inclinándose cada vez más por la ruta electoral de parte de la ciudadanía, en aras de lograr un cambio para nuestro país. Una masiva participación en un proceso comicial libre de vicios y con un árbitro renovado que garantice el respeto de la voluntad popular, acabará con esas posturas dogmáticas y radicales que tanto daño y atraso nos han causado.

Expresamos nuestro apoyo a la Mesa de Diálogo Nacional por haber rechazado las medidas económicas del gobierno de los EE.UU. contra Venezuela debido a que impactan dramáticamente en la población. Y también, porque respalda las sanciones recaídas sobre altos funcionarios del gobierno al haber incurrido en prácticas desleales y nocivas.

Recordemos que, en materia petrolera, las sanciones de Washington han perjudicado la producción, venta, adquisición de tecnología, transporte, propiedad de activos y cuentas en el extranjero; asimismo, han ocasionado severas distorsiones en la explotación y venta de oro, el financiamiento externo, el empleo de la banca corresponsal para el comercio internacional, la compra de bienes y servicios en el mercado internacional y el refinanciamiento de la deuda externa.

Entre las consecuencias sociales más graves de estas sanciones destacan la agudización de la escasez de medicamentos, desabastecimiento y carestía en los alimentos, deterioro de los servicios públicos, aumento de pobreza, hambre, miseria; caída sustancial de los salarios, pérdida de empleos y acentuación de la migración al exterior.

Un estudio de J. Sachs y M. Weisbrot del Centro para la Investigación Económica y Política con sede en Washington, estima que desde el inicio de las sanciones a mediados del 2017 hasta el 2018, han fallecido más de 40 mil personas por el déficit de medicamentos y alimentos.

El destino de Venezuela lo deciden sus ciudadanos. Ya basta de anteponer los intereses particulares a las necesidades reales de la población. No se trata de un sencillo juego de mesa. Estamos reinventando el presente de las futuras generaciones.

Venezuela no está para perder tiempo, tengamos fe, confianza y heesperanza. Esto tiene solución.

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

Por: Nelson Chitty La Roche.– Un texto que debimos leer y releer en el curso de Doctorado en Ciencias, mención Ciencias Políticas que seguí en la Universidad Central de Venezuela, entre varios más por supuesto, fue el de Raymond Aron, titulado Democracia y totalitarismo y admito que me tocó profundamente. El examen de la experiencia soviética en su evolución y el contraste con lo que podemos llamar la democracia de occidente revelaba muchísimo del pasado y de la carga hereditaria del susodicho sobre el presente de la época. (más…)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte) Por Nelson Chitty La Roche -October 2, 2020 “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. Me ocurre que cuando pienso y lo hago después de haberlo vivido y no al revés, afirmación que no es una perogrullada ni mucho menos, en lo que ha sido el período del chavismo, vale decir, estas dos últimas décadas atrabiliarias y esquizoides que han cambiado a Venezuela, suelo pensar en los cursos del doctorado en Ciencias Políticas que a Dios gracias seguí en la Universidad Central de Venezuela y en los extraordinarios profesores que tuve y aproveché bastante, pero tal vez no lo suficiente porque sabían mucho y querían enseñarnos más de lo que yo pude aprender. A ellos todos les estoy agradecido. Debo sin embargo anotar que, si bien todos fueron muy buenos, hay algunos que regresan a mi memoria, como un latido intelectual, al abordar, repito, una meditación sobre aspectos de ese trajinar complejo que significó y aún significa el acaecer nuestro, como pueblo, como nación, desde 1998. Solo mencionaré y a los fines de este artículo, a los que dictaron materias relativas a la historia como fenómeno atinente al ser humano y su desenvolvimiento, su consideración, su análisis, derivaciones, interpretaciones en dos campos; Pensamiento e Ideas, Civilizaciones y Venezuela, historia crítica. Omar Noria, Luis Leáñez Sievert, Federico Welsh, Fernando Falcón Veloz, Ricardo Combellas, Raúl Cuevas Arrieta y Germán Carrera Damas son algunos y destaco que enuncio solamente porque no me es posible mencionarlos a todos, pero ellos y cada uno en su área trajeron el Episteme para mostrar además la indispensable pertinencia cuando de comprender y hacernos un criterio sobre la política y evocando a Aristóteles, como la ciencia por excelencia. Claro; las opiniones personales son eso, personales y no los comprometen a ellos. Las afirmaciones que haré de seguidas constituyen un punto de vista sobre asuntos que hemos tenido ocasión de valorar en la perspectiva científica, pero también existencial. Asumo entonces mi responsabilidad al respecto. La historia de Venezuela, nos enseñó el bachillerato, se verifica y así en todas partes por período que denominaban a menudo ciclos. Se trata de espacios temporales cuyas características son relativamente homogéneas. No se trata de ecuaciones matemáticas pero si, de parámetros susceptibles de ser anotados y distinguidos también. Alguno podría decir que la República de Venezuela se constituye entre 1800 y 1830. Luego conoce otros contiguos que muestran elementos predominantes hasta que sobreviene un hito o una serie de ellos que nos introduce o nos introdujo, en otro tiempo histórico forzando la expresión de Koselleck. 1864 y la Constitución Federal abrió un telón y otro acto en nuestra obra y luego, tal vez pueda y deba notarse, la llegada de los andinos al poder, para marcar otra pauta distinta y esa también de una especificidad común si puede decirse así y sucesivamente. Esto nos lo han instruido, repito, nuestros profesores de Historia de Venezuela documental y crítica, en buena hora por cierto y con eso en las alforjas trotamos por la espiral formativa e informativa en nuestro plan de educación. La ponderación de una serie de aspectos de diferente contenido incide, no obstante, en la apreciación de esas etapas que traen de suyos cambios, reformas, advenimientos culturales, políticos, económicos, sociales y colocan a la enseñanza y a la universidad especialmente en una dinámica de interpretación, aprendizaje y adecuación racional que no solo significa observación, análisis de temáticas e inspiración para continuar o iniciar, atosigarse las incertidumbres que se postulan invariablemente en cada uno de los saltos a los que hacemos referencia. Germán Carrera Damas nos pone a pensar, dudar, escudriñar, meditar para sincronizar la “ruptura o la continuidad” como conceptos, que postulan otra perspectiva, sensibilizando en el examen de un elenco de variables que servirán de instrumentos para comprender primero que nada. El maestro nos traslada a un complejo constructo con dos referentes; la idea de la república liberal democrática y en el otro extremo y como una suerte de derivación monárquica, la república liberal autocrática. Ese movimiento entre ideas y contrastes nos aclara mucho más lo que hemos sido y somos, y por qué así fue. En el esfuerzo se pone a prueba la relación entre independencia y libertad que es objeto de una peligrosa contaminación o tergiversación para legitimar la prevalencia del modelo republicano liberal autocrático que el historiador sitúa entre 1830 y 1945 y caracterizado ciertamente por un ejercicio oligárquico de los hombres de armas y la disposición orgánica de una república con un visible sesgo desciudadanizado. La tentación es grande por reproducir un múltiple catálogo de interesantísimos análisis e interpretaciones sobre ese proceso que se cumple en esa búsqueda y en las circunstancias que el camino ofreció como desenlaces vacíos o etapas que aparecen por ellas solas, plenas de significados pero no puede ensayarse sino apenas esbozarse. El gobierno de Medina es un episodio que sirve para evidenciar mis afirmaciones por cuanto, sigue generando, para recordar una fase de lo que llamará el desmontaje del Estado gomecista de que habló Alberto Adriani, aun en el tiempo actual, dictámenes encontrados y basta leer la secuencia, por este mismo medio publicada y de amena y pertinente autoría de Corina Yoris Villasana, que resalta aspectos cruciales para detenernos y volver a leer y a repensar los juicios que nos hacemos. El maestro Carrera en el aula de clases problematizaba socráticamente las consumaciones que teníamos sobre nuestro devenir y nos inducia así a separar las partes para entender las señales, los signos que antes desestimábamos. Trabajar con la noción de continuidad y ruptura ya era una ocasión para descubrir y hallar en un recorrido que por el corto tiempo no nos impedía y no nos impide contemporáneamente advertir elementos, que de suyo llamaremos, y valga el lugar común, la clave de bóveda. No nos atrevemos a más en esta serie sino a evocar algunos capítulos de esa literatura y enjundiosa propedéutica que nos brindó el maestro por respeto a él y a sus escritos que lo recogen fielmente, pero mencionaré brevemente aquel sobre la consciencia histórica y la consciencia política. En efecto, tomar consciencia e histórica además es un asunto ciudadano; cabe decir, un peldaño clásico a la hora de asumir la pertenencia al cuerpo político y la militancia en el susodicho. Aprehender el sujeto y la secuencia de nuestro curso existencia exige hacerlo con respecto a nuestra genealogía de pensamiento y acción y, así las cosas, asumir lo que somos desde lo que hemos sido aunque ello suponga sin embargo, una constante de movimientos que incluyan la relativísima novedad que encierran las épocas y sus impresiones consecutivas. La consciencia política es más reciente, más próxima, más emocional. Nos lleva de un circuito de la ponderación conceptual, de un estadio como nos dice el maestro, pasando por la consciencia nacional y social para encontrarnos de frente con lo que somos y fuimos y en medio de la coyuntura y su influencia en el “homo verus.” Y entonces nos percatamos de otros considerandos que en la radiación histórica nos alcanzan más allá, de la natural abstracción de ideas concomitantes que debemos masajear, por decir lo menos, para notar y apreciar la carga fenomenológica que contrae a detenernos y distinguir y/o decantar como trascendentales. De allí que me permitiré segmentar, en partes, mis comentarios, cuya naturaleza obliga a hacerlo, convocando institutos y favoreciéndonos del saber histórico, el sentido histórico y la conciencia histórica como eslabones de una cadena racional y aplicarlo a una modesta y sencilla procura de claridad para anclar y medir, contar y pesar lo que nos pasa y, reducir en alguna medida el extenso campo de nuestra gravosa incertidumbre. Nociones como república, soberanía, ciudadanía, responsabilidad y decadencia nos lucen para ello indispensables y con ellas trabajaremos la experiencia reciente que compartimos y expiamos, acoto, como nación desde la semana próxima, Dios mediante. nchittylaroche@hotmail.com @nchittylaroche La llegada de la república liberal democrática y su auténtico ejercicio lo podemos ubicar en ese lapso de cuatro décadas que transcurrió desde 1958 hasta 1998. La democracia muere cuando hay censura. 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De Venezuela y otras crisis

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De Venezuela y otras crisis

“Las crisis surgen cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación“. Jürgen Habermas (más…)

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