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Dilema AN: nuevo CNE o continuar con confrontación política

*Un escenario bélico sólo nos llevaría a una espiral de odio y confrontación; sabremos cuándo se iniciará la ola de violencia, pero jamás cuándo terminaría*

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Dilema AN: nuevo CNE o continuar con confrontación política
Ante un inminente proceso electoral

Por: Johel Orta Moros.– De acuerdo con lo establecido en la Constitución Nacional, para el año venidero se tiene prevista la elección de los diputados a la Asamblea Nacional (AN). El precepto legal consagra que el lapso de ejercicio de funciones para los miembros de esta instancia legislativa debe renovarse cada cinco años. Declaraciones recientes de algunos voceros gubernamentales, revelan que este proceso comicial podría efectuarse en el primer cuatrimestre del 2020 y no en el acostumbrado mes de diciembre.

Con este panorama, es ineludible que las diversas fracciones políticas que conforman el parlamento nacional se aboquen de inmediato al diseño de un cronograma que permita el nombramiento de las nuevas autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE), para lo cual se necesitan 110 votos a favor.

Es inconcebible que perdamos la oportunidad de renovar las autoridades del Poder Electoral, pues no se trata nada más de sustituir a los actuales rectores y sus suplentes por otros, sino de corregir los numerosos vicios que se han enquistado en los procesos de votación venezolanos de los últimos 20 años.

Entre las medidas iniciales que debe tomar el nuevo CNE destacan la depuración del Registro Electoral, la legalización de los partidos políticos que fueron inhabilitados por las autoridades actuales y dar estricto cumplimiento a la norma que regula la difusión de la propaganda política. A su vez, el Poder Legislativo debe modificar la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPRE) con el objetivo de garantizar la representación de las minorías políticas.

Si la Asamblea Nacional no logra los dos tercios requeridos para elegir a los integrantes del CNE, la nueva coalición se escudará en la “inhibición parlamentaria”, recurso jurídico que trasladaría la designación de los rectores electorales al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Recordemos que este camino fue transitado por el gobierno de Maduro para valerse del llamado “desacato legislativo “.

La oposición venezolana obtuvo una contundente victoria en las elecciones legislativas del 2015, con la cual se apoderó de la mayoría de los escaños. Lamentablemente, es muy larga la lista de los errores cometidos desde el mismo momento en que se instaló la AN, pues en lugar de aprovechar al máximo ese triunfo alcanzado por votación popular para obligar al gobierno a negociar un conjunto de medidas de interés nacional, el diputado Henry Ramos Allup, al ser juramentado, lanzó un grito de guerra contra el presidente Nicolás Maduro, bajo la premisa de que en seis meses definirían la ruta para sacarlo de manera definitiva de Miraflores.

La contraofensiva del régimen fue aumentando hasta llegar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) electa de manera irregular, ente que funge como un poder legislativo paralelo, conformado totalmente por representantes del Gran Polo Patriótico.

Apostemos al diálogo

Desde el año 2018, cuando decidimos participar en las elecciones presidenciales del 20 de mayo, hemos sostenido que la salida a la crisis venezolana es la de índole electoral, democrática y pacífica; de igual manera, hemos promovido el diálogo con todos los factores políticos del país, sin menospreciar la colaboración de la comunidad internacional, pero rechazando categóricamente la injerencia extrajera que auspicia tanto el gobierno, como la oposición radical.

Apostemos entonces por nuestra hermosa nación para superar la serie de penurias en la que está sumergida la población venezolana. Tenemos la obligación moral de garantizar la gobernabilidad porque no podemos seguir viviendo bajo los estragos de una permanente confrontación. Independientemente de los resultados que arroje, las venideras elecciones traerán consigo un gobierno de transición que debe estar conformado por todos los factores políticos.

Luego de renovarse las autoridades de la AN en enero de 2019, la oposición se trazó como estrategia el nombramiento de una presidencia interina a cargo del diputado Juan Guaidó, con una ruta de tres pasos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, que pese a tener en un principio el apoyo popular y el respaldo de más de 50 países, vemos que luego de 10 meses no se ha materializado ningún convenio a favor de Venezuela.

En lo que va de año, al igual como ocurrió en República Dominicana, se celebraron rondas de diálogo en Oslo y Barbados con la mediación de Noruega. Sin embargo, para frustración de los ciudadanos venezolanos, quienes en su mayoría desean una salida pacífica y democrática a la crisis, los representantes de Maduro y de la oposición radical se levantaron de la mesa sin ningún resultado.

Desoyendo al clamor del pueblo, un grupo insiste en salidas violentas, como la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), lo cual contraviene los principios de autodeterminación de los pueblos y la posibilidad de alcanzar una salida benigna al conflicto político venezolano. Un escenario bélico sólo nos llevaría a una espiral de odio y confrontación; sabremos cuándo se iniciará la ola de violencia, pero jamás cuándo terminaría.

El pasado 16 de septiembre un grupo de partidos políticos como el MAS, Soluciones para Venezuela, Avanzada Progresista y Esperanza por el Cambio, entre otros, decidimos incorporarnos a una Mesa de Diálogo Nacional para lograr acuerdos puntuales con los voceros del gobierno, con la firme condición de que no existan agendas ocultas entre las partes en conflicto y en aras de garantizar la paz y la reinstitucionalización del país, apartando las ambiciones personales o el protagonismo de quienes albergamos distintas corrientes de pensamiento.

Nos preocupa que un sector de la oposición, apoyado por grupos ciudadanos polarizados, en vez de sumar esfuerzos, empujar la carreta en un solo sentido, buscar acuerdos que permitan enrumbar el país hacia la prosperidad y preparar el terreno para medirnos en una contienda electoral, de manera de derrotar el ventajismo oficial, insiste en tildarnos de “minoría” y acusarnos de traidores, colaboracionistas y de haber caído en la trampa del gobierno para que manipule la mesa de diálogo y gane tiempo en el poder. Una visión que está fuera de la realidad.

Tenemos el gran reto de derrotar la polarización y buscar convenios sustentados en la Constitución Nacional que defiendan nuestra soberanía y permitan la reconciliación, convivencia y tolerancia; de igual modo, acordar medidas de emergencia en materia económica, trabajar por un cambio profundo en la dinámica política y detener la diáspora que tanto daño le ha hecho a la familia venezolana.

No podemos caer en la equivocación política del 2005, cuando la oposición se negó caprichosamente a participar en las elecciones de la AN, lo cual trajo como consecuencia, nada más y nada menos que “regalarle” al gobierno la Contraloría, Defensoría, Fiscalía, CNE y TSJ.

Con todo el andamiaje jurídico e institucional en manos del gobierno, la oposición repite posteriormente el mismo error en las elecciones de gobernadores, legisladores regionales, alcaldes y concejales, cediéndole casi todos los espacios políticos al PSUV. Y como guinda de la torta, puso en bandeja de plata la reelección de Nicolás Maduro, porque la mayoría de los partidos políticos no participaron en la elección del 20 de mayo de 2018.

Si la oposición extremista no hubiese llamado a la abstención en los últimos procesos electorales, Venezuela estaría mucho más cerca de la gobernabilidad y estabilidad política. Una cruda verdad que ha generado destrucción, corrupción y extrema pobreza en la sociedad venezolana.

Para la reflexión, dejo una frase del ex presidente norteamericano Abraham Lincoln que comparto plenamente: “Una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”. Soy un convencido que sólo a través de los mecanismos democráticos, como el diálogo, el entendimiento y la participación, saldremos adelante y refundaremos a Venezuela.

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Parte segunda)

Por: Nelson Chitty La Roche.– Un texto que debimos leer y releer en el curso de Doctorado en Ciencias, mención Ciencias Políticas que seguí en la Universidad Central de Venezuela, entre varios más por supuesto, fue el de Raymond Aron, titulado Democracia y totalitarismo y admito que me tocó profundamente. El examen de la experiencia soviética en su evolución y el contraste con lo que podemos llamar la democracia de occidente revelaba muchísimo del pasado y de la carga hereditaria del susodicho sobre el presente de la época. (más…)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte)

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Del chavismo o la inflexión decadente (Primera parte) Por Nelson Chitty La Roche -October 2, 2020 “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. Me ocurre que cuando pienso y lo hago después de haberlo vivido y no al revés, afirmación que no es una perogrullada ni mucho menos, en lo que ha sido el período del chavismo, vale decir, estas dos últimas décadas atrabiliarias y esquizoides que han cambiado a Venezuela, suelo pensar en los cursos del doctorado en Ciencias Políticas que a Dios gracias seguí en la Universidad Central de Venezuela y en los extraordinarios profesores que tuve y aproveché bastante, pero tal vez no lo suficiente porque sabían mucho y querían enseñarnos más de lo que yo pude aprender. A ellos todos les estoy agradecido. Debo sin embargo anotar que, si bien todos fueron muy buenos, hay algunos que regresan a mi memoria, como un latido intelectual, al abordar, repito, una meditación sobre aspectos de ese trajinar complejo que significó y aún significa el acaecer nuestro, como pueblo, como nación, desde 1998. Solo mencionaré y a los fines de este artículo, a los que dictaron materias relativas a la historia como fenómeno atinente al ser humano y su desenvolvimiento, su consideración, su análisis, derivaciones, interpretaciones en dos campos; Pensamiento e Ideas, Civilizaciones y Venezuela, historia crítica. Omar Noria, Luis Leáñez Sievert, Federico Welsh, Fernando Falcón Veloz, Ricardo Combellas, Raúl Cuevas Arrieta y Germán Carrera Damas son algunos y destaco que enuncio solamente porque no me es posible mencionarlos a todos, pero ellos y cada uno en su área trajeron el Episteme para mostrar además la indispensable pertinencia cuando de comprender y hacernos un criterio sobre la política y evocando a Aristóteles, como la ciencia por excelencia. Claro; las opiniones personales son eso, personales y no los comprometen a ellos. Las afirmaciones que haré de seguidas constituyen un punto de vista sobre asuntos que hemos tenido ocasión de valorar en la perspectiva científica, pero también existencial. Asumo entonces mi responsabilidad al respecto. La historia de Venezuela, nos enseñó el bachillerato, se verifica y así en todas partes por período que denominaban a menudo ciclos. Se trata de espacios temporales cuyas características son relativamente homogéneas. No se trata de ecuaciones matemáticas pero si, de parámetros susceptibles de ser anotados y distinguidos también. Alguno podría decir que la República de Venezuela se constituye entre 1800 y 1830. Luego conoce otros contiguos que muestran elementos predominantes hasta que sobreviene un hito o una serie de ellos que nos introduce o nos introdujo, en otro tiempo histórico forzando la expresión de Koselleck. 1864 y la Constitución Federal abrió un telón y otro acto en nuestra obra y luego, tal vez pueda y deba notarse, la llegada de los andinos al poder, para marcar otra pauta distinta y esa también de una especificidad común si puede decirse así y sucesivamente. Esto nos lo han instruido, repito, nuestros profesores de Historia de Venezuela documental y crítica, en buena hora por cierto y con eso en las alforjas trotamos por la espiral formativa e informativa en nuestro plan de educación. La ponderación de una serie de aspectos de diferente contenido incide, no obstante, en la apreciación de esas etapas que traen de suyos cambios, reformas, advenimientos culturales, políticos, económicos, sociales y colocan a la enseñanza y a la universidad especialmente en una dinámica de interpretación, aprendizaje y adecuación racional que no solo significa observación, análisis de temáticas e inspiración para continuar o iniciar, atosigarse las incertidumbres que se postulan invariablemente en cada uno de los saltos a los que hacemos referencia. Germán Carrera Damas nos pone a pensar, dudar, escudriñar, meditar para sincronizar la “ruptura o la continuidad” como conceptos, que postulan otra perspectiva, sensibilizando en el examen de un elenco de variables que servirán de instrumentos para comprender primero que nada. El maestro nos traslada a un complejo constructo con dos referentes; la idea de la república liberal democrática y en el otro extremo y como una suerte de derivación monárquica, la república liberal autocrática. Ese movimiento entre ideas y contrastes nos aclara mucho más lo que hemos sido y somos, y por qué así fue. En el esfuerzo se pone a prueba la relación entre independencia y libertad que es objeto de una peligrosa contaminación o tergiversación para legitimar la prevalencia del modelo republicano liberal autocrático que el historiador sitúa entre 1830 y 1945 y caracterizado ciertamente por un ejercicio oligárquico de los hombres de armas y la disposición orgánica de una república con un visible sesgo desciudadanizado. La tentación es grande por reproducir un múltiple catálogo de interesantísimos análisis e interpretaciones sobre ese proceso que se cumple en esa búsqueda y en las circunstancias que el camino ofreció como desenlaces vacíos o etapas que aparecen por ellas solas, plenas de significados pero no puede ensayarse sino apenas esbozarse. El gobierno de Medina es un episodio que sirve para evidenciar mis afirmaciones por cuanto, sigue generando, para recordar una fase de lo que llamará el desmontaje del Estado gomecista de que habló Alberto Adriani, aun en el tiempo actual, dictámenes encontrados y basta leer la secuencia, por este mismo medio publicada y de amena y pertinente autoría de Corina Yoris Villasana, que resalta aspectos cruciales para detenernos y volver a leer y a repensar los juicios que nos hacemos. El maestro Carrera en el aula de clases problematizaba socráticamente las consumaciones que teníamos sobre nuestro devenir y nos inducia así a separar las partes para entender las señales, los signos que antes desestimábamos. Trabajar con la noción de continuidad y ruptura ya era una ocasión para descubrir y hallar en un recorrido que por el corto tiempo no nos impedía y no nos impide contemporáneamente advertir elementos, que de suyo llamaremos, y valga el lugar común, la clave de bóveda. No nos atrevemos a más en esta serie sino a evocar algunos capítulos de esa literatura y enjundiosa propedéutica que nos brindó el maestro por respeto a él y a sus escritos que lo recogen fielmente, pero mencionaré brevemente aquel sobre la consciencia histórica y la consciencia política. En efecto, tomar consciencia e histórica además es un asunto ciudadano; cabe decir, un peldaño clásico a la hora de asumir la pertenencia al cuerpo político y la militancia en el susodicho. Aprehender el sujeto y la secuencia de nuestro curso existencia exige hacerlo con respecto a nuestra genealogía de pensamiento y acción y, así las cosas, asumir lo que somos desde lo que hemos sido aunque ello suponga sin embargo, una constante de movimientos que incluyan la relativísima novedad que encierran las épocas y sus impresiones consecutivas. La consciencia política es más reciente, más próxima, más emocional. Nos lleva de un circuito de la ponderación conceptual, de un estadio como nos dice el maestro, pasando por la consciencia nacional y social para encontrarnos de frente con lo que somos y fuimos y en medio de la coyuntura y su influencia en el “homo verus.” Y entonces nos percatamos de otros considerandos que en la radiación histórica nos alcanzan más allá, de la natural abstracción de ideas concomitantes que debemos masajear, por decir lo menos, para notar y apreciar la carga fenomenológica que contrae a detenernos y distinguir y/o decantar como trascendentales. De allí que me permitiré segmentar, en partes, mis comentarios, cuya naturaleza obliga a hacerlo, convocando institutos y favoreciéndonos del saber histórico, el sentido histórico y la conciencia histórica como eslabones de una cadena racional y aplicarlo a una modesta y sencilla procura de claridad para anclar y medir, contar y pesar lo que nos pasa y, reducir en alguna medida el extenso campo de nuestra gravosa incertidumbre. Nociones como república, soberanía, ciudadanía, responsabilidad y decadencia nos lucen para ello indispensables y con ellas trabajaremos la experiencia reciente que compartimos y expiamos, acoto, como nación desde la semana próxima, Dios mediante. nchittylaroche@hotmail.com @nchittylaroche La llegada de la república liberal democrática y su auténtico ejercicio lo podemos ubicar en ese lapso de cuatro décadas que transcurrió desde 1958 hasta 1998. La democracia muere cuando hay censura. 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Por: Nelson Chitty La Roche.- “No puede darse una prueba más triste de la propia pequeñez de un hombre que su incredulidad para con los grandes hombres” Carlyle, T. (1957). Tratado de los héroes, de su culto y de lo heroico en la historia. Barcelona: Edit. Iberia. Citado por Germán Carrera Damas en Disertación de incorporación como Miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia. (más…)

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De Venezuela y otras crisis

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De Venezuela y otras crisis

“Las crisis surgen cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación“. Jürgen Habermas (más…)

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