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Opinión

Diplomacia y reconocimiento en las relaciones internacionales: Venezuela y el grupo de lima

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Diplomacia y reconocimiento en las relaciones internacionales: Venezuela y el grupo de lima
Diplomacia y reconocimiento en las relaciones internacionales: Venezuela y el grupo de lima

Por: Alfredo Ordóñez López.- La crisis política y económica que enfrenta la República Bolivariana de Venezuela ha tenido un alto grado de incidencia en sus relaciones internacionales. Luego de la proclamación del Diputado y Presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, como Presidente (E) de Venezuela, se ha generado una duplicidad en las relaciones diplomáticas de Venezuela. La dualidad en las instituciones públicas del Estado venezolano ha obligado a los gobiernos del mundo a considerar inminente realizar un “reconocimiento de gobierno”.

El reconocimiento de gobierno es un acto declarativo que realizan los jefes de Estados para admitir a un representante de gobierno de otro Estado dentro de la comunidad internacional, por lo que es la convalidación jurídica de una situación de hecho. De igual forma, se puede generar un desconocimiento de gobierno cuándo éste se constituye de forma extrajudicial y se sostiene mediante el uso de la fuerza, rompiendo con los principios de paz y seguridad emanados de la comunidad internacional. En el caso latinoamericano, el reconocimiento de gobierno se realiza cuando este surge en el marco constitucional.

Las naciones latinoamericanas, dado su sistema Presidencialista, instituyen su contrato social a través de las Constituciones porque tiene como propósito el control de los gobiernos. ¨La constitución representa el límite del poder. Si el poder no tiene límites no hay constitución¨(1). De tal manera que cuando un gobierno genera acciones o agresiones en contra de la sociedad son comportamientos anticonstitucionales, por lo que su legitimidad se vuele discordante ante la esencia del contrato social, lo que al final afecta severamente su posición dentro de la legalidad.

Venezuela se encuentra ante una grave crisis de gobernabilidad y convivencia política, y ante esa situación, los gobiernos que conforman el Grupo de Lima (14 países) tienen la potestad discrecional del reconocimiento de gobierno, ya sea de forma expreso o condicionante cuando lo consideren fundamental para sostener el orden y la paz regional. El 4 de enero de 2019 el Grupo de Lima determinó que «no reconocen la legitimidad” de un nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, y ya para el 23 de enero de 2019 Brasil, Colombia, Paraguay, Chile y Perú reconocieron al Dip. Juan Guaidó, como Presidente (E) de Venezuela conforme a la Constitución y el apoyo social exhibido en un acto público.

De tal manera que los gobiernos que conforman el Grupo de Lima se sustentaron en la legitimidad para otorgar el “reconocimiento de gobierno de forma expresa” al Dip. Juan Guaidó, como una política internacional pertinente para el sostenimiento de la democracia, siendo esta la mejor opción para garantizar la paz, la seguridad, el desarrollo (2), y evitar las violaciones a los Derechos Humanos. Sin embargo, el reconocimiento de gobierno debe pasar por un acto o gestión diplomática, y por ello el nombramiento de representantes del Estado venezolano ante el Grupo de Lima, Chile, Costa Rica, Honduras, Perú, Panamá, Ecuador, Colombia Canadá, Argentina, Estados Unidos, dándole así una acción de hecho al acto declarativo.

En el caso de los países que han mantenido el reconocimiento a Nicolás Maduro, como Presidente Constitucional, se enmarcan en los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas sobre la libre determinación y el derecho de los pueblos a decidir su propia forma de gobierno, forma de independencia, autonomía, referéndums, elecciones y legitimidad de los gobiernos (3). Por lo que se han mantenido rígido en una Diplomacia Clásica Bilateral de forma permanente, argumentando que la diplomacia busca “contribuir al desarrollo de las relaciones amistosas entre las naciones, prescindiendo de sus diferencias de régimen constitucional y social” (4), siendo este último aspecto la posición manifestada por México dentro del Grupo de Lima.

El reconocimiento de gobierno pareciera obligatorio de jure pero en principio es puramente doctrinal, ya que la actitud de los Estados está dictada por motivos de orden esencialmente político (5) y económico. En tal sentido, las relaciones internacionales entre el Grupo de Lima y Venezuela, se mantienen bajo una “Diplomacia ad hoc” dado su carácter permanente hasta que se cumplan las condiciones esenciales para el restablecimiento del orden democrático, y así regresar a una diplomacia temporal,

Sin embargo, esta Diplomacia Paralela que presenta la institucionalidad venezolana, perjudica significativamente la imagen internacional del país, quebranta los principios de unidad de acción en el exterior y debilita sus relaciones comerciales con el resto del mundo. Por lo tanto, al generarse un restablecimiento del orden democrático y estabilidad política en Venezuela, la gestión diplomática deberá pasar por un proceso de revisión y redefinición profunda de sus objetivos, siendo esta “el instrumento de que se vale la política exterior de cualquier Estado” (6) para la realización de sus planes en el marco de las relaciones internacionales.

(1) Ramón Escobar Salom. Los Demonios de la Democracia, p 12.
(2) OEA – Democracia
(3) Carta de las Naciones Unidas – Capitulo VII
(4) Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas 1961
(5) Charles Rousseau. Derecho Internacional Público, p 309.
(6) Manuel Morales Lama, Diplomacia Contemporánea, p. 9

Por: Alfredo Ordóñez López*
Internacionalista
MSc. en Economía Internacional
Doctorante en Estudios del Desarrollo (CENDES-UCV)
Coordinador de la Maestría en Economía Internacional (FACES-CEAP-UCV)

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No exagero un ápice si advierto que la gran mayoría de los compatriotas de todas las clases sociales, mujeres y jóvenes a la cabeza encaran ese dilema existencial y, cabe acotar que las respuestas parecen explicarse, en la continuidad de ese peregrinaje doloroso, temerario y vergonzante para el país, que mira silente e impotente cómo la inmigración sigue y, cual moda compulsiva, sigue empujando a los habitantes del otrora paradisíaco enclave, a intentar una aventura porque permanecer no es seguro, prudente, ni inteligente.

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VENEZUELA: Zona de Exhibición Hegemónica de Rusia y EE.UU

Sin embargo, la estrategia del Presidente Ruso, Vladimir Putin, ha sido todo lo contrario. El expansionismo ruso recobró fuerza con la adhesión de Crimea y Sebastopol en territorio ucraniano en el año 2014. Este impulso promovió la confianza que necesitaba el Kremlin para tener en el 2015 presencia militar en Siria en favor del gobierno de Bashar al-Assad; fortalecer el convenio de la «ruta oriental» de suministro seguro de engería para la República Popular China a través de un gasoducto (38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural en 30 años, al precio de 400.000 millones de dólares); y lograr una reunión estratégica a principio del 2019 entre Vladímir Putin y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para realizar acciones conjuntas en territorio sirio. Disminuyendo la influencia norteamericana en el Medio Oriente.

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VENEZUELA: Zona de Exhibición Hegemónica de Rusia y EE.UU

Por: Alfredo Ordóñez López*.- La presencia de militares rusos en la República Bolivariana de Venezuela ha generado una gran preocupación para sus vecinos en la región, y especial para los Estados Unidos de América. Luego del anuncio del Presidente de los EE.UU, Donald Trump, a finales del año 2018 de retirar las tropas militares del territorio sirio, y la necesidad de disminuir la presencia militar en aquellas zonas donde no se genere ningún beneficio para los americanos, pareciera haberse dado una suerte de equilibrio geopolítico en el mantenimiento de las zonas de influencia de las naciones más poderosas del mundo.

Sin embargo, la estrategia del Presidente Ruso, Vladimir Putin, ha sido todo lo contrario. El expansionismo ruso recobró fuerza con la adhesión de Crimea y Sebastopol en territorio ucraniano en el año 2014. Este impulso promovió la confianza que necesitaba el Kremlin para tener en el 2015 presencia militar en Siria en favor del gobierno de Bashar al-Assad; fortalecer el convenio de la «ruta oriental» de suministro seguro de engería para la República Popular China a través de un gasoducto (38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural en 30 años, al precio de 400.000 millones de dólares); y lograr una reunión estratégica a principio del 2019 entre Vladímir Putin y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para realizar acciones conjuntas en territorio sirio. Disminuyendo la influencia norteamericana en el Medio Oriente.

En tal sentido, la presencia de militares rusos como demostración de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, no es más que una exhibición estratégica del presidente ruso para resaltar su influencia expansionista en todo el mundo, y en especial a la zona de seguridad de los Estados Unidos de América, su eterno rival desde la Guerra Fría.

En esencia, esa estrategia provocativa del Kremlin para Washington, ha obligado a este último activar a los veinte nueve (29) Miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para evaluar el rol que viene desempeñando Rusia en las zonas de conflicto internacional y la situación particular de Venezuela conforme a los protocolos internacionales, pero también como una forma de convalidar cualquier acción unilateral de los EE.UU frente a una amenaza directa en su zona de seguridad nacional.

De ahí que Washington ha bajado sus expectativas sobre el retiro de tropas de Siria, y ha reactivado su lobby con sus aliados en el Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) frente al expansionismo ruso en Yemen, Siria y Turquía. De igual forma en América Latina, han brindado todo el apoyo a los miembros del Grupo de Lima frente al expansionismo ruso en Venezuela.

Al respecto, la crisis de estabilidad política, economía y social que sufre Venezuela ha permito que el territorio soberano se convierta en una vitrina de exhibición hegemónica para Rusia y los Estados Unidos de América. Los problemas de legalidad y legitimidad de la institucionalidad política, aunado a las constantes violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, han dejado a la nación venezolana desamparada en búsqueda de una tutela internacional. Ejemplo de ello, han sido los planes expuesto por los distintos actores políticos de Venezuela, enfrascados en la dependencia petrolera y en una política monetaria ajustada a un sistema de endeudamiento internacional.

De ahí la estrategia de cabildeo internacional por parte de su actores políticos venezolanos, un grupo para mantener su poder debajo la sombra de la presencia rusa, y el otro, en búsqueda del poder bajo la sombra de la estatua de libertad. Tal vez consecuencias del Neoimperialismo. Sin embargo, lo más preocupante es la situación de crisis que enfrenta Venezuela y que se agudiza cada día más. Pasan los días y no se visualiza en ningún de los actores políticos una planificación estratégica como Nación para activar una resiliencia que permita retomar el camino al desarrollo del país.

*Alfredo Ordóñez López
Internacionalista
MSc. en Economía Internacional
Doctorante en Estudios del Desarrollo
Twitter / Instagram: @alf_ord

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