Venezuela Geopolítica: ¿Dilapidar o aprovechar?

Especial Gente de Hoy (Guillermo Tovar Silva).- La verdad es que, ante el tema, no pude contener el cumulonimbo de arrolladoras palabras de tanta gente importante. Mi niño interior rememoró en un santiamén poemas y palabras de José Rafael Pocaterra, Pérez Bonalde, Alberto Adriani, J. P. Pérez Alfonzo, R. Betancourt, Uslar Pietri y muchos otros, para no alargar la lista, tratando de tornar la visión hacia la defensa de la verdadera patria. Destierro obligado vivieron algunos añorando el retorno, y ahora, nos ha tocado vivirlo también a nosotros. Destierro forzoso de esta tierra que alguna vez fue nuestra y que ahora, no sabemos. Y no es que estemos lejos del paralelo 10°, sino que cada vez, nos alejamos más de aquella venturosa realidad tránsfuga que se nos escapó de un sueño dorado que fenece entre hierros oxidados.

Si no fuese así, que alguien pueda responder: ¿Dónde quedó la borroneada memoria social y cultural de los últimos cincuenta años? Y no es que esté hablando yo de perinolas, trompos, papagayos, sombreros pelo e guama o alpargatas. Sino de explicar: ¿Dónde quedó aquel país, mundialmente bien relacionado, que auguraba y saboreaba una vida económica y social de primer mundo? Que sorteaba muchos vericuetos y dificultades, sí, es verdad. Sin embargo, también lo hacía con la esperanza, la libertad y el optimismo de ser, de crecer, de construir, de producir y de encaminarse hacia ese destino soñado al que pretendía alcanzar, en plena conexión con realidades foráneas de mayor auge y éxito.

¿Dilapidar o aprovechar?

Al analizar la geopolítica que propugna actualmente el país, en principio, lo hacemos observando no desde una visión política o diplomática sino más bien económica, viendo su “evolución” en años de avances, estancamientos y fatales retrocesos, en estrecha relación con factores políticos, económicos, sociales y culturales que lo han caracterizado en los últimos cien años. Con lo cual, dilapidar o aprovechar sus recursos, es un viejo dilema shakesperiano de ser o no ser…

Ser o no ser realmente productivos. Ese es y ha sido siempre el dilema que ha aquejado invariablemente a Venezuela a lo largo de los años. Ser o no ser autosuficientes e independientes económicamente.

Desde el comienzo de la explotación del petróleo y su riqueza en Venezuela, el país pasó a convertirse prácticamente en mono-productor y exportador de este rubro. Condenando con esto al abandono por demasiado tiempo, la producción y la explotación de otros rubros también benefactores para la economía nacional y el correspondiente desarrollo empresarial y humano, con su impulso técnico, industrial y productivo. Este descuido, lamentablemente operó en favor de una proliferación de importaciones de productos, servicios y mano de obra calificada, que resultaba una inversión de capital más fácil y menos riesgosa, en detrimento de las inversiones realizadas con esfuerzo, en empresas productivas nacionales.

Ahora, fíjese que han transcurrido cien años y estas condiciones son más o menos las mismas y hasta peores, porque la dependencia de las importaciones a todo nivel, ahora es mucho mayor que antes, dada la gran cantidad de empresas productivas nacionales y extranjeras que han desaparecido como consecuencia de las políticas económicas y funestas relaciones comerciales internacionales implementadas en los últimos años. Y aquí cabe la pregunta: ¿Realmente se promueve la inversión de capital privado en empresas productivas que operen con libertad y seguridad en el mercado o, la desinversión privada, precisamente por la falta de libertad y seguridad en un mercado controlado y lleno de incertidumbre?

Con todas las miradas internacionales puestas en Venezuela como uno de los principales países exportadores de petróleo. Ya en los años 30 del siglo pasado, Alberto Adriani defendía la economía nacional de las grandes empresas transnacionales y la voracidad petrolera de aquella época. Lo hacía, defendiendo la industria agrícola y productiva del país, más allá de la industria petrolera a la cual veía como una industria “parcialmente beneficiosa… destructiva y efímera”1 en el sentido de no favorecer a la agricultura y, que finalmente llegaría agotarse con el tiempo por no ser renovable.

De aquella época, es precisamente de Adriani de quien proviene la frase que hiciera famosa luego Arturo Uslar de sembrar el petróleo, refiriéndose a la necesidad de invertir la riqueza proveniente del petróleo en fomentar la industria nacional efectivamente productiva, agrícola y pecuaria, en su condición de sustentabilidad y renovabilidad en el tiempo, base suficiente para una prosperidad estable y de permanente desarrollo de toda la estructura económica del país que lo hiciera independiente y autosuficiente.1 Sin embargo, ¡Los años y riquezas han pasado y todavía seguimos siendo absolutamente dependientes!

Condiciones geopolíticas de Venezuela más que favorables

Nuestra Venezuela es un país que reúne una gran cantidad de riquezas invaluables por sus recursos económicos naturales renovables y no renovables: minerales, vegetales, hídricos, agrícolas, pecuarios y climatológicos. Potenciales y favorables condiciones estratégicas por su ubicación geográfica al norte de Suramérica bordeando el Mar Caribe. Además de un talentoso recurso humano, poseedor de especial idiosincrasia aspiracional, que lo capacita para la adaptación, y la superación de cualquier reto que deba afrontar. Entonces ¿Qué es lo que hace falta?

Hoy día en Venezuela, políticas y estrategias geopolíticas es lo que sobra. Por aquí y por allá, sobran Acuerdos políticos y económicos. Sin embargo, ¿Son esos Acuerdos y alianzas políticas los que efectivamente se necesitan para desarrollar la economía nacional productiva y endógena que requiere solventar el país?

El petróleo, su tenencia, su industria explotadora y su exportación; fue, ha sido y es el mayor recurso generador de riqueza. Sin embargo, es una solución económica que debe ser racionalmente explotada, con sentido de ahorro y sin despilfarro a sabiendas de ser un recurso perecedero no renovable. Por otra parte, esta riqueza económica, más allá del llamado Gasto Público que siempre es un gasto y muchas veces resulta más que oneroso por el despilfarro; debería ser invertida en beneficio de toda la nación distribuyendo sus recursos planificada y equitativamente en inversiones de capital en pequeñas, medianas y grandes empresas –no comerciales- sino productivas, y además, en sus industrias conexas no dependientes directamente del petróleo, sino de otra índole industrial alternativa generadora de riqueza nacional.

“Nueva” y necesaria estrategia geopolítica

Nueva entre comillas porque no es nueva, pero sí de nuevo es insistentemente necesaria una geopolítica económica y comercial de exportación acertada que, más allá de explotar indiscriminadamente los recursos naturales no renovables dilapidándolos como materia prima que se desperdicia, lo que debería hacerse es sembrar el petróleo. No hay mejor forma de decirlo y recalcarlo que repetirlo.

Cada barril de petróleo, cada lingote de oro, hierro, aluminio o coque, cada recurso explotado y producido en el país, debería convertirse como mínimo, en una máquina de producir: 1) Cultura y mentalidad de trabajo productivo autosuficiente y autosustentable -y no estoy hablando de gallineros verticales- sino de una cultura de ingenio y productividad creativa y emprendedora, inspirada en nuevas tecnologías; 2) Verdaderos y sólidos conocimientos técnicos e industriales a través de escuelas y universidades con aplicación práctica del conocimiento y, 3) Semilleros de empresas técnicas productivas en función de esos recursos que posee el país, y además, provistas de técnicas y tecnologías de última generación.

Si esta inversión se hubiese hecho -como todavía debe hacerse- sostenida y permanentemente por años con las enormes riquezas, conocimientos y tecnologías obtenidas, producto de la explotación petrolera y materias primas y recursos como hierro, aluminio, oro, bauxita, carbón, etc. Definitivamente no habría razón para no tener en este momento una fortalecida industria nacional productiva y autosuficiente. Produciendo, exportando y aportando divisas y riquezas en la economía nacional, sin la perniciosa dependencia de importaciones del extranjero.

Precisamente. Es ésta, la gran necesidad que todavía debe atender la nueva geopolítica estratégica de toda proyección nacional e internacional del Estado. Este proceso operativo, implicaría tomar acciones simultáneas en dos dimensiones:

Una dimensión interna. Que motorice concretamente todo lo mencionado con anterioridad que ha hecho falta y que incluya: Una planificación socio-económica regional con todos sus recursos, potencialidades y necesidades. Una ordenación de los territorios productivos, respetando adecuadamente las áreas protegidas. Fundamentar todas las estrategias en un modelo de desarrollo sostenible y, algo que luce urgente también, despolitizar ideológicamente todas estas estrategias de desarrollo ya que esto conspira en contra de la inversión privada.

La otra sería, la dimensión externa. Que más allá de las alianzas político-ideológicas con otros países serviciales, se debe procurar que avancen de verdad, los Acuerdos Económicos Internacionales que permitan una transferencia tecnológica real hacia el sector productivo nacional, al tiempo de abrir nuevos mercados para la incipiente industria nacional, al contrario de servir sólo como proveedores de materias primas baratas y de mercado de consumo para productos que terminan fortaleciendo no la industria nacional sino la foránea.

Finalmente, para Venezuela, no es el petróleo, la industria petrolera o la falta de recursos, el problema geopolítico de desarrollo de toda su estructura económica. El problema real es el hombre y sus dañinas ambiciones políticas, sus malas administraciones, sus enfoques equivocados, su falta de visión global, nacionalista y sincera, su doble moral, su corrupción y su viveza, su falta de ética, su aprovechamiento egoísta e irracional, su avidez, etc. Ese es el verdadero problema geopolítico y económico.

No hay una verdadera geopolítica constructiva para toda una nación con deseos reales de superación, cuando todos los espacios son politizados, acaparados y canalizados en favor de una sola visión sectorizada que cierra incluso los espacios de convergencia. Ciencia y conocimientos de qué hacer y cómo hacerlo, hay bastantes. No digan entonces los hombres ahora, que no sabían y que fueron o todavía son inocentes. Tal como dice Shakespeare en su obra “Julio Cesar”: «¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestra estrella, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores!». No ha sido el destino sino las intenciones. Mientras tanto… Queda todavía arduo trabajo por realizar para ver retornar mejores condiciones y así poder salir de este nefasto destierro virtual.

Referencia: Pérez Schael, María S. Petróleo Cultura y Poder en Venezuela. Epifanía del petróleo en Venezuela. Monte Ávila Editores. 1993.

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