“Me han dado perdigonazos, pero me los sacudo y sigo”

María José Castro, la mujer que el 19 de abril detuvo una tanqueta en la autopista, dice que no es momento de llorar, sino de ser fuertes

Aunque tiene 54 años de edad, ha demostrado más fortaleza que muchos otros manifestantes. Es María José Castro, también conocida como “la dama de la tanqueta”, que con un paño y un spray de antiácido se mantiene firme en medio de nubes de gases lacrimógenos y disparos de perdigones con los que dispersan manifestaciones de miles de personas en las calles de Caracas. Se cuela entre los funcionarios de seguridad y les llama la atención, les pide que paren la represión y les expresa el deseo de llegar al punto final de la marcha.

“No uso máscara. Si voy a una marcha pacífica no tengo por qué llevar una máscara antigas; yo no voy a una guerra, voy a enfrentar a un gobierno cuya obligación es defender los derechos del pueblo”, manifiesta la mujer que el 19 de abril impidió que una tanqueta de la Guardia Nacional Bolivariana avanzara contra la protesta en la autopista Francisco Fajardo. Su deseo es hacerles saber a los militares que llegará al punto final.

Ese día permaneció detenida durante hora y media; y aunque asegura que los funcionarios la trataron bien, denuncia que el motorizado que la trasladó al supermercado Bicentenario de Plaza Venezuela le rompió una costilla. También que la amenazaron con llevarla a “la Tumba”.

“Yo no me dejo amedrentar por nada ni por nadie”, expresa con la misma determinación con la que trata de impedir la represión contra las marchas. “Me han dado perdigonazos, pero me los sacudo y sigo para demostrarles que no me van a quitar de ahí”.

Asiste vistiendo mono negro y suéter blanco, bandera en mano y sin arma alguna. Y aunque desde el día que la detuvieron es ignorada por militares y policías, en cada protesta insiste en hacer entrar en conciencia a los funcionarios. “Yo no necesito oír una palabra para saber que me escuchan. Esos militares quieren un cambio”, señala. Castro afirma que la actuación represiva forma parte de un plan estratégico para que la gente pierda la esperanza, pero que eso no tiene efecto en ella. “Yo me puedo estar cayendo con un dolor muy fuerte en un pulmón, pero continúo… Un día salí con gripe y hubo un palo de agua”, relata al recordar que ha acudido a la mayoría de las manifestaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En ocasiones no ha ido por fuerza mayor, como cuando asesinaron a Neomar Lander. Entonces dejó por unos días la lucha.

“Neomar fue un niño muy animado, respetuoso y obediente. Él tenía una idea clara de su país, quería a Venezuela. Yo estoy segura de que ese muchacho hubiese sido grande. Como él hay miles”, expresa. “No estamos para llorar, sino para ser fuertes”.

Castro, que estudió en un colegio de monjas, manifiesta que es católica y que posee el poder del universo para controlar a quienes tiene enfrente, lo cual considera parte de las habilidades con las que domina la situación en las marchas. Llama a los manifestantes a controlar la ira y a dejarse llevar por Dios para mantenerse firme, pese a los gases, y de esa manera lograr ir adonde se desea.

“Jamás me van a ver retroceder, aunque a veces hay que ser astuto porque nos estamos enfrentando a demonios. Prefiero morir mil veces luchando que vivir de rodillas. Esa gente –el gobierno– no tiene la mínima legitimidad para que yo me arrodille ante ellos”, concluye.

Fuente: El Nacional

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