“Pasamos el día tomando agua de huesos”

Una abuela y sus siete nietos pasan los días en medio del hambre y la miseria. Pasan los días tirados en el suelo, descalzos, sucios. La situación era mala para ellos, pero desde hace dos meses empeoró cuando la madre de los muchachos los abandonó para irse a Colombia.

Julia Beatriz Ibarra, de 77 años se quedó a cargo de siete de los nueve hijos de Ana Mabel Ibarra a quien llaman “Guajira”. Hace seis meses, en medio de peleas, discusiones y maltratos, Johan Pereira, apodado el “Chómpiras”, dejó a su mujer y echó por tierra la responsabilidad como padre.

Desde ese tiempo, Elí Daniel de 13 años, Joswuaard José de 11, Víctor Daniel de 10, Yuliannys Daniela de 8, Jelser Daniela de 7, Juan José de 4, Jorve José de 3, Winder José de 2 y Marco Antonio de un año no saben nada de sus padres. Solo repiten: “Mami y papi nos dejaron botados”.

A diario lloran y se quejan por “la quemazón en la barriga”, de acuerdo con una nota que publica el diario zuliano La Verdad.

La familia vive y sobrevive en el barrio Brisas del Morichal, en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante. La abuela se quedó con los nietos confiada en las palabras de su hija que prometió “ir a trabajar duro en Colombia para dar de comer a sus hijos”.

La anciana está enferma. Suda y tiembla cuando habla. Cuenta: “Nosotros lo que más comemos es yuca con sal, cuando mucho compro mil bolívares de huesos, les echo agua, los aliño y hago una sopa. Así pasamos el día tomando agua de huesos”.

Un día se enteró que su hija no quiere regresar y que no quiere saber nada de sus hijos. El hermano de la madre de los niños logró comunicarse con ella. “Mi hermana dijo que no quería saber nada de muchachos, que ella no iba a regresar. Se mudó de donde estaba y le perdimos la pista. Ella no quiere saber nada de sus hijos”, contó Darwin Molina.

El hombre vende frutas en un semáforo y cuando puede ayuda a Julia a mantener a sus nietos. “No es fácil porque cada uno de nosotros tiene su responsabilidad. Tratamos que ni ellos ni mamá pasen hambre, pero eso es imposible”.

La anciana y sus nietos viven en una casa sin terminar. “Yo vendí todo para darle de comer a mis nietos. Vendí el televisor, las pailas y la bicicleta. Los vendí en la choza, y otros los cambié por comida, pero no alcanzó para mucho”. En la única olla que le quedó para cocinar hierve unos huesos que le regalaron. “No tenía nada que darles hoy”.

“Estamos curtidos”

La abuela y los siete niños tienen un mes que se bañan solo con agua. “Estamos curtidos porque no tenemos ni una conchita de jabón”. Tampoco lavan la ropa, ni los implementos para cocinar. En una pieza que hace de cuarto hay dos colchones sucios que huelen a orine.

“Ahí dormimos todos. Yo casi no duermo porque la casa no la terminaron y no tiene cerraduras ni protecciones, me da miedo que se meta alguien en la noche y le haga daño a mis niños”.

Están enfermos

Julia, remoja en agua y tiene unas sábanas que están hediondas, lo hace porque ya no aguanta el olor. “Cuando el olor a orine se mete en el cuarto me desespero y me comienzo a ahogar”.

Los niños tienen erupciones en la piel, infecciones estomacales y escabiosis, mientras que la abuela presenta problemas cardíacos y de hipertensión.

El niño de un año tiene una hernia en el testículo que hace que llore y se queje a cada rato. “Tiene gripe. Pasó toda la noche con fiebre. A veces se le ponen las bolitas grandes de la hinchazón”. El niño de 10 años no ve del ojo derecho. Tenía una infección y lo operaron, pero no pudieron comprar los medicamentos, por lo que perdió la operación y la vista.

Y así pasan los días esta abuela y sus siete nietos, en medio del hambre y de la miseria. “Cuando no comemos nos acostamos a dormir, porque la barriga nos arde y nos duele la cabeza, pero si nos dormimos se nos olvida, por eso nos acostamos”, dijo la niña de ocho años.

Fuente: Canal de Noticia

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