Fronteras venezolanas: una realidad social

Especial Gente de Hoy (Guillermo Tovar Silva).- Hoy en día la otrora Venezuela acostumbrada a la amistosa recepción de inmigrantes de otras latitudes ha desaparecido, lo cierto es que la realidad cambió diametralmente, y ahora son cada día más los venezolanos, los que dada la precaria situación de inestabilidad política, económica y social que evidencia el país, tienen como nunca antes, la necesidad de trasladarse a otros países en todo el orbe, en búsqueda de mejores condiciones de vida, aun cuando, por causa de esta situación tan complicada, muchas personas hayan tenido que decidirse a dejarlo todo atrás por su salud física o emocional, su progreso económico y personal, y hasta por su seguridad, que en muchos casos se ha visto comprometida por la inseguridad reinante que ha tomado impunemente todos los espacios.

Venezuela comparte fronteras con Colombia, Brasil y muchos países del Caribe, sin embargo, a la hora de emigrar los venezolanos, más allá de las fronteras físicas y políticas, están ahora abiertas las solidaridades, compatibilidades y empatías culturales de los pueblos latinoamericanos como Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Panamá, Colombia, México, España y Portugal; también en menor grado EEUU, Canadá, Italia y Francia han sido receptores de venezolanos, sobre todo los europeos, debido al nexo consanguíneo que los une con descendientes de sus connacionales.

Hoy, más allá de acuerdos políticos y económicos entre países y sus alianzas estratégicas supranacionales como el Mercosur, Unasur, Caricom, Alba o la CAN, lo que está prevaleciendo en juego es la estabilidad política e ideológica de la región. Persiste una guerra por el control del poder político e ideológico entre un sistema de izquierda socialista, centralizador y controlador, versus un sistema más liberal, descentralizado y democrático, que finalmente teniendo su epicentro en Caracas, ha terminado por desestabilizar política, económica y socialmente a toda Venezuela, afectando mayoritariamente a la población que es agobiada por una inflación atroz, con devaluación continua de la moneda y una pertinaz escasez de insumos, productos de consumo masivo y medicamentos; por una falta de producción en todos los órdenes que no termina de llegar con la abundancia debida.

Vistas estas perniciosas condiciones de inestabilidad social, las entendemos como caldo de cultivo para optar por la emigración hacia otros países que puedan y quieran brindar mejores oportunidades de trabajo y crecimiento, para vivir en paz y sosiego con una mejor calidad de vida. Y en este sentido, vemos que en su mayoría son jóvenes los que se atreven y deciden irse, muchos de ellos profesionales que en ocasiones deben abandonar sus profesiones para buscar mejores oportunidades, aun cuando tengan que trabajar en actividades y oficios muy diferentes a su formación profesional.

Ya para julio de 2016, con base en estudios que coordinó sobre emigración de venezolanos, el sociólogo Tomás Páez, afirmaba en una entrevista1, que lo preocupante de la migración es que para el Gobierno ésta no existe y sistemáticamente es silenciada tanto como son negadas también la escasez, la crisis humanitaria o la falta de medicinas. Manteniendo un ocultamiento consciente y deliberado de un fenómeno migratorio en el que han participado cerca de dos millones de venezolanos de manera directa, y para el cual no existe una política concreta de reversión o corrección del fenómeno.

Hablamos de la emigración de venezolanos hacia otros países y porqué, y sin embargo, ¿Qué podemos decir del ambiente donde serán recibidos? En los países Latinoamericanos, existe una constante preocupación por atraer inversión extranjera para la gestión de sus economías, se abren así garantías para el inversor extranjero y se hace promoción internacional de oportunidades de sectores con futuro. Sin embargo, para quien no posee el capital necesario para invertir, solo puede llegar a engrosar la lista de desocupados en calidad de trabajadores informales o, el que tenga suerte y preparación, podrá ejercer su propia profesión o al menos laborar en su área de conocimiento. En todo caso, la mayoría de los emigrantes venezolanos tienen educación y preparación profesional, se llevan el talento que algunos llaman fuga de cerebros y que muchos países ahora están viendo con ojos de oportunidad y solidaridad, abriendo sus puertas con nuevas medidas permisivas para que los venezolanos lleguen a instalarse de forma regular y estable en sus naciones, así ya lo han hecho Perú, Brasil, Colombia, Uruguay y Argentina. Otros países que han recibido un caudal importante de venezolanos son Panamá y Estados Unidos, principalmente en el área de Florida, con bastantes nexos por muchos años con Venezuela.

Por ahora, Venezuela atraviesa tiempos difíciles como diría Dickens en su obra, con esa perspectiva de clase trabajadora que sufre –en vez de disfrutar- el trabajo con exceso o plagado de rebusques y matatigres, como único modelo de supervivencia a la situación. En contraposición de la clase, ya no solo alta, sino más bien ahora política, que controla todo y mantiene en pésimas condiciones al resto, los de abajo. Trabajando y confiando, se mantiene a la espera de poder evidenciar la llegada del cambio necesario que permita revertir esta perjudicial situación que mantiene por ahora en deseos de fuga a los ciudadanos que seguramente jamás han querido ni hubiesen querido emigrar fuera de este paraíso llamado Venezuela.

Referencia:
1. Noticiero Digital. Tomás Páez: Casi 2 millones de venezolanos han emigrado en los últimos 17 años.

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