Pacientes del Lídice están a la buena de Dios

Un joven de 18 años de edad está en una cama con una férula de Braun con tracción transesquelética (atada a un peso), pues sufrió un accidente de tránsito y su pierna izquierda quedó en malas condiciones. Tiene tres semanas en la sala de traumatología del Hospital General de Lídice Dr. Jesús Yerena. Espera que lo operen para comenzar con su recuperación, pero, la falta de medicamentos y de atención en el dispensario lo hace casi imposible.

Junto al muchacho al menos 20 pacientes, distribuidos en cuatro salas de traumatología, están a la espera de sus operaciones. Ni los médicos o las enfermeras les dan explicaciones concretas sobre por qué no han entrado al quirófano. Pero, sí les piden que compren insumos tan básicos como son los guantes y gasas.

El Lídice es uno de los 36 hospitales públicos de Caracas. En mayo en el dispensario, ubicado en la calle Jesús Yerena, de La Pastora, el Gobierno activó el Plan Quirúrgico Nacional, donde se han realizado, según informó el Ministerio de Salud, 1.200 operaciones en los últimos tres meses.

En el boletín, publicado el 13 de agosto, se asegura que los enfermos reciben atención integral hasta el final del tratamiento posterior a la intervención quirúrgica, con medicamentos garantizados. Sin embargo, pacientes junto a sus familiares ponen en duda esa afirmación y sostienen que los retrasos para ingresar al quirófano están a la orden todos los días.

Gratis, pero con penitencia. Guantes, soluciones, gasas, hipodérmicas, cuentagotas y hasta medicamentos como antibióticos son solicitados en las instalaciones del hospital para tratar a los pacientes, puesto que dichos insumos no están a la disposición en el dispensario.

“¿Cómo es posible que en el hospital nos pidan que compremos todo para que atiendan a nuestro familiar, si en los quioscos adyacentes están repletos de insumos médicos?”, se pregunta una señora que fue a visitar a su sobrino, quien fue atropellado por un vehículo. En la sala, frente al joven, se encuentra un paciente con una fractura en la pierna derecha, al que se le colocó una férula de Braun con tracción transesquelética, pero improvisaron un guaral, en vez de una cuerda más resistente, para atar el peso.

El hombre señaló que dentro del hospital todo se maneja “bajo cuerda”. Para poder tener acceso a un medicamento se habla con personal ajeno a los médicos (porteros, guardias, obreros, entre otros).

Denunció que las condiciones higiénicas no son las más apropiadas para un hospital. “No sé qué pasaría en la noche, pero el cuentagotas amaneció infectado hoy (ayer)”, agregó la mujer, quien no quiere ser identificada por miedo a que su familiar no sea operado.

Sostuvo que los baños no están completamente limpios, “se nota apenas que le pasaron un trapito húmedo”. Durante el recorrido por hospital de Lídice, se evidenció la falta de desinfectante para limpiar pisos y otras áreas del hospital.

Pediatría grita. Dos madres junto a sus hijos comparten una sala en el área de hospitalización infantil del Lídice. La habitación estaba prácticamente a oscuras. Sin aire acondicionado ni con un ventilador para disipar el calor, hacía que el cuarto se volviera sofocante.

Las cunas de los niños tenían sus barandas oxidadas, y los colchones, de tantos ser usados, estaban a punto de que se abrieran sus costuras. El mal olor en la habitación era evidente. Pero lo más preocupante eran las moscas que volaban encima de los infantes, se posaban en las camas y soportes para soluciones.

Ambas jóvenes señalaron que la limpieza del lugar no era adecuada. Contaron que los alimentos que les dan a los pequeños son muy básicos: “hoy le dieron arroz con pollo desmechado y un jugo”, dijo una de las madres, quien advirtió que hay una falta grave de medicamentos para los infantes.

Fuente: 2001

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